"Operación OTEIZA". teatro
“Operación Oteiza” es un trabajo en el que el proceso ha sido igual de relevante que el resultado. ..."
08 de noviembre de 2008
JORGE OTEIZA: FUERZA DE LA NATURALEZA.
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Esto no pretende ser un artículo sobre la vida, obra y milagros de uno de los mayores genios creativos del llamado arte moderno. La intención última consiste en que el lector participe de un juego tan complejo como infantil. Cumplidos los cien primeros años del nacimiento de Jorge Oteiza, ofertamos una visita imposible a través de los entornos cambiantes que esculpió una mente privilegiada y juguetona.
KOLDO LANDALUZE
El peso de los años obligó a una singular metamorfosis en la fisonomía de Jorge Oteiza. Su cuerpo, cincelado por el tiempo, adquirió la misma semblanza poderosa y pétrea de aquellos materiales a los que había dotado de sentido. El decimoquinto apóstol de piedra.
El trazo agreste de su rostro se concreta en
una mirada incisiva, temible y, por
extensión, juguetona como la de un niño. La mirada que le permitió intuir los infinitos territorios que abarcan el vacío infinito, inspira todo tipo de conjeturas legadas por un discurso poliédrico y abierto a interpretaciones que, probablemente, nunca concretarán una aproximación a su inabarcable gobierno creativo. Cuando se nombra a Oteiza siempre se tiende a relacionarlo con artistas ligados a su entorno creativo más próximo. ¿Por qué no podemos intuir en las obras de Oteiza una película de John Ford… o viceversa? Ambos comparten un punto de arranque igual y fundamental: son hijos nacidos de las entrañas mismas de la tierra y, como tales, plasman la fuerza telúrica que inspira sus obras.
¿Dónde termina la piedra y comienza el hombre? únicamente se asoman preguntas que, en muchos casos, se concretan en una sola: ¿En qué consiste el juego: en interpretar o entender a Oteiza?
Cuando Oteiza asume la cojera legada por Ignacio de Loyola y Lope de Aguirre –santo y guerrero, ambos rebeldes– y construye un laberinto de piedra, de crómlech y de palabras escritas no fija su interés único en la estructura física sino en los pasillos invisibles que aportan lógica y sentido al fin último del laberinto. Cuando recrea estos paisajes cambiantes, tropezamos con otra pregunta ¿Dejó Oteiza de ser niño alguna vez?
En su libro referencial “Quosque tandem…!”, el artista aporta algunas pistas “De niño, como todos, sentimos como una pequeña nada nuestra existencia, que nos define como un círculo negativo de cosas, emociones, limitaciones, en cuyo centro, en el corazón, advertimos el miedo –como negación suprema– de la muerte”. Entre las páginas de “Jorge Oteiza: profeta y conspirador” encontramos otra clave que nos ayuda a progresar en el enigma. “Oteiza aprovechaba los pequeños hoyos que hacían los carros que se llevaban de la arena para sepultarse en ellos como un gusano subterráneo, y desde allí, acurrucado en el fondo de su agujero, veía el cielo azul y luminoso dentro del círculo que la arena dibujaba sobre su cabeza”. El propio protagonista completa esta imagen cuando afirma “Como el avestruz maravilloso y calumniado, metafísico animal que crea su propio crómlech enterrando su cabeza y el miedo en la arena, el escultor del crómlech abre un sitio para su corazón en peligro, hace una agujero en el cielo y su pequeña cabeza se encuentra con Dios”.
Las ensoñaciones infantiles dejan de serlo ante la visión posterior de una evidencia prehistórica llamada crómlech: “La sustancia vacía de la estatua y la naturaleza religiosa de toda experiencia artística”.
¿Podríamos utilizar la figura del crómlech como elipsis expresiva y simbólica del paso de niño a genio?
Por qué no ¡Juguemos!. Al igual que en los vacíos experimentados por Oteiza, los espacios que lega el negro sobre blanco de estos renglones conforman una vía incapaz de dotar de cierta coherencia cronológica al viaje emprendido por el minotauro de piedra a través de su propio-nuestro laberinto. En la recurrente e imprescindible obra que Miguel Pelay Orozco dedicó al artista de Orio, encontramos características que describen su genio creativo y vital “Oteiza es un improvisador inspirado e impar. Un creador poderoso, lo mismo esculpiendo que escribiendo o haciendo poesía. O, sencillamente, cuando habla. Todo él es una repentización de signo prodigioso. Cada conversación con Jorge proporciona a sus colocutores alguna idea o algunas ideas profundas, originales, inesperadas, de las que yo suelo llamar “sin estrenar”. Y, desde luego, fértiles enriquecedoras. Jorge Oteiza abre rutas nuevas, insospechadas y fascinantes, y resulta un orientador inapreciable para los artistas, escritores y poetas”.
Para comprender la magnitud de su legado resulta mucho mas prudente e instructivo el silencio y dejar que hablen los que de conocieron de cerca al minotauro. Al doblar la esquina de este improvisado laberinto, optamos por la guía del fotógrafo y cineasta Fernando Larruquert y, para tal fin, utilizamos una pregunta-llave: ¿Quién era, en realidad, Jorge Oteiza?
F.Larruquert:–En realidad tampoco sé quién soy yo, pero sí sé que fue mi mayor amigo; con quien comencé a relacionarme en octubre, creo, de 1957. Alrededor de un mes más tarde de que obtuviera el Premio de la Bienal de Sao Paulo. Es muy probable que aún no hubiera cumplido los 49 años; yo acababa de llegar a los 23. Sus primeras palabras en mi recuerdo fueron: "Háblame de tú". Era un ciclón, en buena parte de sus actos, y estaba impulsado por ráfagas de afectos y de iras, de creatividad, de inconformidad, de sensibilidad, de ingenio, de repentización (¡qué bertsolari no tuvo Euskalherria!), de polémica; de seriedad en el trabajo, de dedicación a su propia autocrítica, de no aceptar la primera solución 
sin compararla con otras inventadas posteriormente. Todo lo tenía en grado superlativo. En una entrevista que me hicieron hace muchos años: "¿Cómo es Jorge Oteiza?" Y contesté así: "Jorge Oteiza es un ser infinitamente amable, digno de ser amado, e infinitamente aborrecible". Me llamó por teléfono: "Muy bien, sí señor, me conoces bien, sí señor...". No cabía dentro de sí; Oteiza no cabía en Jorge. Creo que, sin duda, conocí a un genio, pero no le mitifiqué. Era digno de admiración, y se lo decía, porque "conociendo tus grandes defectos, destellan más tus grandes valores". Y no le idealizo. Fueron muchos años de vivencias comunes, de conocer al hombre de quien destacaría: su generosidad, su emotividad, su ternura, su fidelidad, su honestidad, su disponibilidad, su receptividad, su laboriosidad, su capacidad de síntesis, su excepcional talento; su histrionismo, su infantil malicia, su picardía y, todo ello, con imaginadas conspiraciones, con desazones de revolucionario insatisfecho. Fue un
benefactor terremoto que con su impetuoso arado le dió vuelta y comenzó a sembrar nuestra tierra: el utillaje y la semilla la teníamos guardada en el desván del olvido.
¿Qué supuso su irrupción en la llamada cultura vasca?
F- Larruquert –Una convulsión en nuestra, para nosotros desconocida cultura. Me decía el lingüista y sacerdote oiartzuarra Don Manuel Lekuona: "Salúdele a Oteiza de mi parte y dígale que le admiramos; no porque todas sus teorías o aseveraciones sean verdad, que algunas veces así son, sino por lo que nos hace estudiar para demostrarle que está equivocado. Y eso es de agradecer, eso ensancha el conocimiento de Euskalherria. ¿A dónde llegaríamos si conociera en profundidad nuestro idioma?". Llego para barrer silencios, posos y lastres, complejos de siglos; para despertar a nuestro Pueblo, a ilusionar nuestra mirada, a hacernos estudiar, buscar con fe, descubrir nuestra identidad y afrontar el camino del futuro con los pies más afianzados, para ir descubriendo caminos sobre la tierra que nos dio la vida.
En la siguiente bifurcación de este paseo al otro lado del espejo y de final incierto, cruzamos intenciones y claves con Iñaki Arzoz, crítico de arte y prologuista –junto a Andoni Alonso– del libro coral “Jorge Oteiza: profeta y conspirador”.
Arzoz –Oteiza fue nuestro despertador cultural a la modernidad y, en ese sentido -sin restar mérito a ninguno de sus compañeros- es justo llamarlo el padre de la vanguardia vasca.
¿Y en el arte en general?
Arzoz –Para el arte universal -aunque todavía la historiografía internacional ande retrasada- supone la conclusión de la aventura utópica y espiritual de la modernidad. Además de la altísima calidad de su obra, en ese aspecto, Oteiza tarde o temprano llegará a ser reconocido como uno de los grandes genios del siglo XX.
Dentro de su concepto de creación poliédrica ¿Cuál de sus facetas resulta menos conocida y, por extensión, la más interesante?
Arzoz –En mi opinión, aparte de cómo escultor, poeta, pedagogo, teórico, antropólogo o lingüista estético, es en su faceta de profeta y proyectista del nuevo arte popular, donde mejor podemos aprender hoy en día su lección para el futuro. Y en este sentido, su faceta como chamán cultural, catalizador de una energía cultural que todavía puede darnos sorpresas.
–Oteiza ¿modelo a seguir o copiar?
Arzoz –Oteiza, nunca ha debido ser un modelo a copiar. En todo caso a seguir, a reinventar, de manera heterodoxa, incluso contradiciéndole en algunos aspectos.
¿El legado creativo de Oteiza es la incertidumbre?
Arzoz –Ojala sea la incertidumbre, porque es creativa y nos hace vivir y evolucionar. A pesar de la rotundidad de algunas de sus conclusiones, hay que huir siempre de la tiranía del genio y sus dogmas y cuestionarse todo desde el principio.
¿Abrió sendas por las que nadie quiso adentrarse o, por el contrario, existen artistas que apuestan por seguir su estela? ¿A quienes destacaría?
Arzoz –Abrió sendas nuevas, casi en solitario, y no cabe duda que fue un revolucionario. Y aunque hay copistas y discípulos, les haríamos un flaco favor mencionándolos. El mejor Oteiza es aquel que cada artista vasco reinterpreta creativamente en su fuero interno, y desde sus propias señas de identidad. Creo que Oteiza es irrepetible y que no necesitamos otro genio, sino una generación bien formada y audaz en sus propuestas artísticas.
7-¿Según Oteiza cómo se podría definir lo vasco?
Arzoz –Lo vasco, para Oteiza, en gran medida, es un estilo de ser y estar en el mundo. Y ese estilo es el fruto de una antigua madurez espiritual y política, que todavía sigue viva y que hay que rescatar no solo para nosotros, para todos los pueblos.
8-¿Qué simboliza el monasterio de Arantzazu?
Arzoz –Arantzazu es la visualización de la vanguardia vasca como grupo, como escuela diversa pero unida, bajo cierta tutela de Oteiza y el ejemplo de que es posible trabajar de manera conjunta en proyectos para el presente y el futuro.
9-¿En una hipotética guía fantástica qué directrices resultan imprescindibles para poder adentrarnos en los vacíos oteizianos?
Arzoz –Además de contemplar sus obras y empaparse de sus libros, es precisa una introspección profunda -un examen de conciencia-, su versión de los ‘ejercicios espirituales’ ignacianos, hacia las raíces últimas del ser humano y su condición en este mundo. Y, a partir de ahí, adoptar “una toma de conciencia” de carácter estético y político.
10-¿Es cierto que lo peor de Oteiza radica en los oteizianos?
Arzoz –No me cabe duda, no todos, pero muchos oteizianos son una plaga, tanto los que lo reverencian como los que ahora lo denostan con cierta displicencia. Sobre todo porque no aportan nada a Oteiza e impiden cumplir sus proyectos.
11-¿En que acto se encuentra ahora el teatro guiñolesco escenificado tras su muerte y relacionado con su herencia artística?
Arzoz –En esta año del centenario, me temo que estamos en el momento de consagrar su Fundación como Mausoleo al faraón de la vanguardia vasca y, por tanto, de olvido definitivo de sus planes subversivos. Ojala me equivoque. Un legado generoso que permanece inactivo, porque su verdadera herencia no son las esculturas sino las ideas.
12-Puede que resulte imposible, pero merece la pena intentarlo: Una obra, frase o pensamiento que Iñaki Arzoz identifica de inmediato con Oteiza.
Arzoz –Cada vez más “Amo las situaciones que nos obligan a conspirar”. Aprendiendo de sus errores pero siempre conspirando para cambiar si no el mundo, a nosotros mismos.
Llegados a este punto, el firmante se siente como un aprendiz de Teseo. Fracasado ante la lógica de saber que el ovillo de lana se terminó antes de iniciar el viaje a través de senderos infinitos. ¿De qué sirve, a estas alturas del viaje, dotar de coherencia a las catorce figuras apostólicas que vigilan la entrada del monasterio de Arantzazu? Ni siquiera sirve su propia explicación “La articulación única de las figuras –afirmaba Oteiza– permitía lingüísticamente expresión distinta de conocimientos o lecturas. Así, por ejemplo, si en uno de los ángulos de visión o de las perspectivas posibles, asociamos las 14 figuras con los 12 m para su colocación que tienen a lo ancho del muro, estos datos que coinciden con los de nuestra trainera tradicional, ya nos están favoreciendo imagen: el primer apóstol, a la izquierda que es Matías, el último de los discípulos admitidos por Jesús y que aquí pregunta, ahora lo veremos como patrón que guía a nuestros remeros, y los primeros al lado del que reza y hasta los dos del centro, los vemos de frente como remando, y cuando llego al último, a la derecha ya es el mismo que guía y que regresa. Y, si en otra lectura, los dos del centro parece que se increpan es porque también se abrazan”
¿De qué sirve encontrar una lógica, una visión microscópica de los párrafos que componen “Quosque tandem…!?
En definitiva, que sea el propio Minotauro quien lance su bramido de piedra y que cada cual escoja el camino a seguir.
Querido dios mío, quiero dejarte esta pequeña piedra que no había entre todo lo que tú hiciste me avergüenzo / de tanta fe / en el arte / y en el hombre / para nada
dios mío tú tampoco estás / y venimos ¿de dónde y para qué?
infierno / de frailes huyen / carnívoras / ratas incandescentes
no entiendo cómo los que dicen que entienden, hacen esculturas para que entiendan los que no entienden
el rojo es el gris del color, el color es una enfermedad del gris
nos movemos / moviendo el culo todos / chaplínica pingüina feliz / y tonta multitud / moviendo todos / el mismo culo
¿por qué la cultura es patrimonio de los incultos?
mientras levantabais la mano / aprendiendo la señal de la cruz / mientras levantabais la mano / para pegar / a vuestro hermano más débil
seguramente no estás ya / en ninguna parte / solamente aquí / en mí / conmigo (Por Itziar, su mujer fallecida)
querida Itziar mía / te llamo en la noche / extiendo a tu lado mi brazo / y no estás
quiero que sea la lluvia / que me acaricie con sus manos / quiero morir de shirimiri
me avergüenza haber vivido tanto / vengo de los demás cansado / sólo dormir no me despertéis
ponedme en la mano tierra / tierra alrededor / he sido eso tierra / una isla rodeada de tierra
¿crees que si yo supiera lo que es el espacio llevaría tanto tiempo tratando de explicármelo?
no quiero aprender nada más / ya soy bastante desgraciado / con lo que sebo / con lo que sabo / con lo que sé
cantan niños el el vaticano / sin pitilín / cuando en el puente de orio / cantan asomados al río / curiosos libres infantiles pitilines
no eres de donde naces sino del país por el que luchas
con mi camisón de loco / duermo en camisón / para volar de noche
memoria de dios / es el hombre / por eso / no me acuerdo / de nada.
Jorge Oteiza
ZAZPIKA. 2008ko Urriak 19.
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Sobre este blog
El grupo de aficionados de Huarte Kromlech, surgido del Taller de Teatro de Adultos de la Casa de Cultura de Huarte, indaga en la obra de Jorge Oteiza. La obra se estrenó los días viernes 28 y sábado 29 de noviembre de 2008 en la Casa de Cultura de Huarte a las 19:30h. Operación Oteiza son las conversaciones de tres amigos sobre la figura de Jorge Oteiza. No se tratan de reflexiones filosóficas ni de grandes intervenciones, más bien es la visión de tres personas que van redescubriendo la vida y la obra del artista vasco. Tres puntos de vista reconocibles que nos acercan una figura aparentemente lejana. Operación Oteiza es un trabajo en el que el proceso ha sido igual de relevante que el resultado. Es la unión de ilusiones y esfuerzos de unos actores y actrices aficionados, por llevar a cabo un proyecto común sobre la figura de Jorge Oteiza.
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