27 de abril de 2007

siete plutos

Escrito por Alain

Escribía hace unos días acerca de la memoria. Si los animales guardan recuerdos, si tienen retentiva, capacidad de acumular sucesos o aptitud para recuperar vivencias. Continúo con las mismas dudas que sostenía con anterioridad. Pero si hablamos de instintos como forma de memoria, lo que me ha sucedido esta semana, me acentúa, más si cabe, estas dudas o reflexiones lanzadas a la red.

Como “padre” primerizo de una relinda pastorica vasca, asisto expectante a todas las cosas que realiza. Con actitud pedagógica, intento captar toda clase de gestos y actitudes que tiene Iuka para conocerla en profundidad, prevenir actitudes o tener una mejor interrelación. Recién pasado su primer celo y antes de cumplir el año de vida, las hormonas juguetonas de su feminidad parece que han decidido gastarle una pequeña novatada. Un desequilibrio aquí, un aumento allá y unos instintos muy marcados han generado un embarazo psicológico. Las rarezas detectadas en los días anteriores, han desembocado en un inexistente parto y la adopción como cachorro de una pelotita de goma con siete caras del simpático Pluto, el perro parido de la mano de Walt Disney. Las mamas le han engordado y se han llenado de leche materna que a todas horas ofrece a su cachorro de goma.  Con la dulzura y el cariño que solo una madre puede desplegar, acurruca contra su vientre ofreciendo sus aumentados pezones a la pelotita, que lame y relame, en la consternación de ver como su anterior juguete de goma, no hace nada por alimentarse. En la mayor de las ansiedades, abatida y angustiada, llora en la desesperación de ver que su cachorro, ese pluto reiterado con sonrisa bobalicona, no se mueve, no  gruñe ni grita, ni se atiborra del alimento de sus senos. 

La medicación acabará en unos días con ese instinto tan marcado con que la naturaleza dota a los seres vivos. Iuka volverá a ser la perra juguetona y cariñosa que hasta el “parto” fue. Pluto, se tornará en la pelota ruidosa a la que apenas hacía caso. Y nosotros, dejaremos de ser “abuelos” de la pelotita del carajo.Mientras tanto, tendré que comprar otra correa para poder sacar a pasear la pelotita de las siete caras de Pluto.

 

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Sobre este blog

No resulta fácil describirse uno a si mismo. Una de las canciones de mi infancia, me invita a contar mentiras, pero como la Txantrea es un pueblito, no tendrían mucho recorrido. Vivo y trabajo (por ahora) en la Txantrea; y vivo y trabajo para la Txantrea. Aficionado a los viajes y a la fotografía, uno de mis sueños es vivir y fotografiar Macondo, población radicada en la mente y los recuerdos de Gabriel García Márquez. Quien sabe, quizá algún día tenga la oportunidad de parrandear al son del acordeón de algún Buendía, o tomar parte en alguna de los treinta y dos levantamientos que el coronel promovió; o que miles de mariposas amarillas revoloteen a mí alrededor, anunciando mi presencia. Quien sabe.

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