2008/04/28

Por tierras centroamericanas. Crónicas.Panamá

Idazlea: Alain

Panamá es conocida mundialmente por el canal. Sin entrar en largas y densas chapas de historia, se puede decir que el canal fue el “creador de Panamá como país independiente. Y como siempre el actor que maneja los hilos de la marioneta es EEUU. Algunos pueden pensar que lo mío con los "iusei" es fijación, pero nada más lejos de la realidad. Con estudiar un poco la historia, bebiendo de varias fuentes, y leyendo un poco entre líneas y sabiendo como se las gastan “los amos del mundo” es fácil elegir el lado de la barricada. 

Panamá era un departamento de Colombia. Los planes de construir un paso entre los dos océanos vienen desde el tiempo de la corona de los españoles. Carlos V ya ordenó realizar estudios para la posible construcción de un paso para unir los océanos, pero final lo desecho porque “lo que dios había unido no lo podían separar los hombres”. Cuando se descubrió oro en California en el año 1848, debido a los peligros que en el “oeste” existían, para llegar desde la costa este estadounidense hasta California, se embarcaban hasta la costa este de Panamá para descender el río Chagres, pasar a lomas de mula la montaña, después se construiría (los gringos, como no) una línea de ferrocarril, seguir en canoas por el rió hasta la capital y embarcarse en el pacífico para, rumbo norte, llegar hasta California.  

El primer intento de construir el canal lo realizaron los franceses, el ingeniero Lesseps que recién había terminado de construir el Canal de Suez. Creo una Sociedad económica para lograr los fondos de construcción y se aprobó un proyecto de hacer un canal “a nivel”. Es decir, desplazando (excavando) toda la tierra existente entre los dos océanos, que evidentemente están al mismo nivel.Comenzaron las obras en 1880. El trabajo era duro y movilizó miles de trabajadores venidos desde todos los rincones de la tierra. Tras muchos problemas  de ingeniería (se cambió el proyecto, viendo la imposibilidad de construir el canal a nivel, por  la realización de un canal a esclusas) y sobre todo de índole económica por la falta de inversionistas (con un gran escándalo por la quiebra de la compañía y la acusación a su cúpula dirigente de malversación de fondos), en 1898 se dieron por vencidos. La primera intentona de construcción generó más de 22.000 muertos de diversas nacionalidades. La principal causa de muerte fue la fiebre amarilla, malaria y tuberculosis, aumentado todo ello por las duras condiciones de trabajo, de insalubridad, de carencia en la alimentación...

Fracasado este intento, los gringos estaban interesados todavía en la posibilidad de unir los dos mares. Tanto por el tema del oro de California como por la necesidad de movilización rápida de barcos de guerra en posibles áreas de conflicto, creían indispensable la realización de esta obra.

En un principio había dos proyectos, uno en Nicaragua a través del río San Juan hasta el Cocibolca y el de Panamá. Lograda la independencia de la corona española en 1921, deciden unirse al proyecto de Bolívar y crear una sola nación en el todo el continente sudamericano, quedando de esta forma unida a la Gran Colombia. Si bien es cierto que después intenta en diferentes ocasiones la independencia, no es hasta 1903 que lo consigue, con el amparo y apoyo de los EUA, que a su vez tiene ya vía libre para construir el canal, ocupar una parte importante de los márgenes del artificial paso y gestionarlo a su antojo. Ya veis que estos, no sabría que palabra de las mil que vienen a la mente los califica de mejor manera..., no dan puntada sin hilo.

Total, que los gringos, aprendiendo de los errores cometidos por los franceses y aprovechando el descubrimiento de la vacuna contra la fiebre amarilla, construyen el canal y lo gestionan hasta el año el “día del juicio final”: el 31 de diciembre de 1999 (ese en que todas las computadoras se iban a parar, el dios vengador iba a bajar de los cielos y achicharrarnos a rayazos y demás tonterías). Eso si, con la perdida de otras 5300 vidas de trabajadores, 4500 de ellos antillanos... 

El canal realmente es increíble. En 80 kilómetro de longitud, a través de tres juegos de esclusas triples, se salvan los 26 metros de desnivel que hay entre el mar y el lago artificial Gatún. Si el barco cruza del Atlántico al Pacífico, en las esclusas del lago Gatún se asciende los 26 metros en tres cámaras. El buque navega por el lago Gatún, y llega a las esclusas de Pedro Miguel donde desciende 8 metros y después a las de Miraflores donde desciende otros 18 para ponerse al nivel del mar. Si el barco entra del Pacífico, el recorrido es al revés. Es asombroso ver los enormes barcos cargados con miles de contenedores, en un equilibrio sorprendente, cargados hasta la bandera, entrar en unas “piscinas” de hormigón, casi rozando las paredes, ascender empujados por la entrada de millones de litros de agua y seguir camino a otra esclusa para repetir el proceso. 

Se paga según el tonelaje, el proceso dura aproximadamente unas veinte horas y el hecho de no llegar hasta el cabo de hornos y subir nuevamente hasta acá, puede ahorrar hasta dos millones de dólares y muchos días de travesía.   

Además de ver el canal en las esclusas de Miraflores, visitar la parte vieja a donde en parte no me dejaron entrar porque estaban rodando diversas secuencias de la trigésimo novena película del canso de James Bond (¿¿cuando van a enterrar al pibe este??), deleitarme paseando por el caluroso malecón, ver el centro financiero y comprarme unas zapatilla del 46 en uno de los centros comerciales más grandes en los que he estado jamás, tuve la ocasión de presenciar duros disturbios entre trabajadores de la construcción y la policía.  

Estaba ya un poquito extrañado de que no ocurriese apenas nada en los países por los que he pasado. Habitualmente siempre que viajamos por este continente nos ha tocado algún hecho moderadamente, trascendente al menos mediaticamente. Pero en Panamá se cumplió esta “rutina” viajera. En unas protestas por motivos laborales de los obreros de la construcción, un policía mató de un tiro a bocajarro por la espalda a un manifestante. Hay imágenes del asesinado y el policía momentos antes del suceso. Si bien es muy grave el hecho lo que generó la explosión de violencia vivida al día siguiente fue que era el cuarto asesinado por la policía en el último año en parecidas circunstancias. Y por supuesto el gobierno, después de palabras tibias, versiones oficiales vergonzantes y promesas de investigación, no ha enjuiciado a ninguno de los policías implicados (¿a que me suena todo esto...?). Solo falta que, imitando a otros “democráticos” estados, les cuelguen unas medallas al pecho... 

Pues eso, que marchaba hacia la boletería de Copa airlines para agarrar un boleo para llegar hasta Puerto Obaldía en avioneta y cruzar el golfo de Urabá en lancha para llegar a Colombia, cuando en el malecón me encuentro a la policía disparando botes lacrimógenos y pelotas de humo a un montón de manifestantes. Alojado relativamente cerca del malecón, todas las mañanas paseaba por el para ir hacia el casco antiguo o a la city, pero coincide que esa mañana hacia demasiado calor y me fui por las calles sombreadas del interior de la ciudad. Como iba a comprar el boleto y desayunar iba sin cámara, así que tras dudar un poco, cubrirme de los pelotazos y ver como los obreros iban ganando posiciones a unas superadas fuerzas antidisturbios, me fui al hotel a por la cámara.

Bajé por el malecón y charlando con los obreros de las barricadas me fui acercando a lo disturbios que cada vez se oían más lejanos. Delante de todas las obras grandes de construcción había barricadas y obreros “arrecheros” esperando la aparición de la policía. Me uní a los diversos grupos que estaban haciendo guardia a lo largo del malecón y con los diferentes grupos de periodistas que se repartían por estos grupetos esperando “sangre”, me informé de como se las gasta la policía por acá, en caso de enfrentamientos ya quedé con un par de cámaras para estar junto a ellos, pero nada de nada.

A las doce y media la “revolución” paró para comer con la “promesa” de continuar en la tarde. Después, líderes sindicales pasaron por las barricadas para informar a los que ya habían acabado de comer o tenían más hambre de “policía” que de otra cosa, que se levantaba el dispositivo pero que al día siguiente se continuaba a las seis de la mañana. De esta manera comprobé lo “poco revolucionarios” que eran los obreros panameños. Según me contaban los periodistas con los que departí, que acá últimamente habían sucedido varios de estos disturbios, pero que siempre se paraba para comer, que en ocasiones se continuaba a la tarde y que a lo sumo de lunes a jueves, que el viernes ya es “casi” fin de semana y la “revolución” puede esperar. Así que con la promesa de continuar al día siguiente tuve que cambiar los planes (si cerraban las vías no podría llegar al aeropuerto) por lo que agarré vuelo directo a Cartagena de Indias, bastante más caro, pero que salía antes que el siguiente vuelo con pasajes para Puerto Obaldía.  

Ni que decir que al día siguiente calma absoluta en las calles, los obreros en los tajos, yo paseando con mi cámara en busca de un poquito de acción y un día “perdido” por los sindicalistas amarillos que se venden por un “trozo de promesa”.

 

Al día siguiente salí para Cartagena de Indias pero la sorpresa llegó en el aeropuerto. Al final una leyenda urbana ha dejado de ser un bulo, una sombra de las que todos hablan pero que nadie jamás vio. Lo que siempre le sucede al primo de la cuñada del vecino, a la novia del compañero de equipo de uno de la clase de enfrente a la de tu sobrino, a un comercial de la ferretería en la que un día compraste una caja de chinchetas... me sucedió hoy a mí.  Puedo dar fe, comprometiendo mi palabra de vasco, ante nuestro árbol de Gernika, con la mano sobre las viejas leyes y escuchando con la cabeza bien alta el "gernikako arbola" en la versión de baldibada (“gernika kokakola”) que es bastante más agradable, que es verdad que en ocasiones comprando boleto de avión de turista te meten en primera clase. Y no solo eso, sino que te dejan entrar a la sala VIP del aeropuerto, que yo hasta ahora desconocía incluso de su existencia. Yo ante el desconocimiento y el sorpresón que me embargaba, intenté entrar a la sala diplomática (si también hay una sala de estas y tiene que ser aún más lujosa que la de los vip, a juzgar por la cara que me puso el guardián de la puerta...). 

Pues eso, que con mis chancletas gastadas, los pies negros (que la polución de las grandes ciudades y el sudor juega estas malas pasadas a personas tan higiénicas como yo), el pantalón comprado en la paka y la camiseta de la calavera (también de la paka), la mochila recosida y el acaloramiento del momento sufrido en la puerta de los diplomáticos, me plante allá como un Paco Martínez Soria sin gallina y a tocar todas la cosas, como los chiquillos. Y lo más, después de dos meses y 14 días: comí pan de verdad!!!! Y les acabé todas las tarrinas de queso philadelphia, que aunque ahora no tengo ya hambre, mañana la desayunaré... Internet gratis, barra libre de madera noble y acolchada como la de las películas de glamour y un camarero negro (acá es más bien habitual, pero no veas como viste en un lugar de esos). Evidentemente, todos trajeados, con sus laptops (que es como le dicen estos a los portátiles), sus maletas de ruedas y vasos de güisqui en las manos.  En el avión nos dieron a elegir un kitch de chorizo y pechuguitas de pollo con risotto (eso de ¿pasta o pollo? se quedó para el proletariado supongo) aunque para el viaje, que era únicamente de 47 minutos, supongo que a los de detrás de la cortina no les habrán dado nada, Únicamente habrán podido oler el risotto. Mi compañero de butaca, seguramente más viajado en estas situaciones ha pedido "un güisqui dos rocas con poco hielo y un plato de semillas (putos frutos secos)".  Y es que eso de abandonar el primero el avión y llegar a emigración sin hacer cola... no tiene precio!!! 

 

Cartagena de Indias es la ciudad más turística de Colombia. Tenía muchas ganas de llegar a Colombia, y si bien no tenía pensado pasar mucho tiempo en este lugar, más bien el imprescindible,  aún siendo bastante cara, me quedé tres diitas. A orillas del caribe, su luz, el calor y el color de sus calles, la elegancia de las construcciones coloniales y la pesadez de sus “jineteros”, me recordaron a mi entrañable Habana. En cada esquina arremetían contra tí con las mismas artes que los que a diario “resuelven” en las calles de la capital cubana. De donde eres, cuando llegaste y donde estás alojado son las tres preguntas que indican la posibilidad de sacarte algo de plata. Luego la oferta: polvo blanco, cristal, coca del 98% de pureza, hierba, chicas, rumba... De todos modos yo prefiero la Habana. El casco antiguo esta amurallado y es como una isla que para llegar a tierra firme debes cruzar por alguno de los diversos puentes que la unen. Abierta al mar, el aire salino impregna el ambiente y la costa es una larga playa, estrecha, acordonada por la carretera que bordea el centro histórico para entrar en la ciudad de tierra firme. La zona de playa es Bocagrande, donde se levantan los nuevos hoteles y torres de apartamentos, aunque el verdadero lugar de disfrutar el caribe es las islas del Rosario. A mi como la playa me aburre me abstuve de ir. El casco antiguo tiene multitud de joyerías donde venden esmeraldas (mi economía me abstuvo igualmente), algunos museos, iba a visitar el de la Inquisición pero estaban rodando otra película y no me dejaron ir, “Del amor y otros demonios” basada en la novela de García Márquez (el que tenga opción que lea el libro que es, con seguridad, mejor que el film, como puedo confirmar en el caso de “el amor en los tiempos del cólera”).  De Cartagena salí hacia Santa Marta, pasando de largo Barranquilla. Como dice la canción, “se va el caimán para Barranquilla”, pero viendo los datos del fin de semana anterior, once muertos por peleas y robos, dejé al caimán camino de Barranquillo y yo pasé de largo. Cruce la Cienaga y llegué a Santa Marta. Pueblito a orillas del caribe, a 80 km. al interior se encuentra Aracataca, lugar donde nació Gabriel García Márquez. En su novela “cien años de soledad”, donde narra la vida de las tres generaciones que tuvo la familia Buendía, donde se refleja gran parte de la niñez y los recuerdos de este gran escritor, se desenvuelve en un pueblo de ficción, Macondo, que lo establece en esta zona: en la Cienaga, Fundición, Manaure...  Además en Santa Marta muere el gran libertador Simón Bolívar. García Márquez recoge sus últimos meses de vida en una magnifica novela “El general en su laberinto”. Evidentemente al siguiente día de llegar a Santa Marta marché para Aracataca. Perdido en el interior, en una zona rayando el desierto y donde durante toda la mañana se siente el sopor de las dos de la tarde al que alude en su novela mágica, visitar sus calles te ayudan a concebir mejor su mundo imaginario. El calor es realmente insoportable y entiendes la actitud de los personajes de sus novelas y de la idiosincrasia caribeña que transmite en sus escritos. Siguiendo con mi mala suerte, la casa museo del escritor estaba cerrada y en obras, pero me topé con la encargada del museo de la casa del telegrafista y me acompañó hasta la casa museo y me mostró el interior que está en proceso inicial de rehabilitación. Hablamos de la obra de Gabo, de los planes futuros de la casa museo y me enseñó la casa del telegrafista. Acá es donde trabajó el padre de Gabo y lo que inspiró la novela recientemente llevada a la gran pantalla “el amor en los tiempos del Cólera”. Además de diversas fotos, recortes de prensa y una escultura de la abuela del escritor (en la que se basó para crear a Ursula Iguarán, la madre de los Buendía), hay diferentes ediciones de la celebre novela en diferentes lenguas. 

Me comí un par de panes dulces y un dulce de guayaba, me tomé una limonada fresca y regresé nuevamente a Santa Marta más contentó que un San Luís

Iruzkinak :

Carmen

2009/01/29 21.06h

Cartagena de Indias es, a mi criterio, uno de los lugares mas bellos de latinoamerica, todo el que pueda tiene que conocerlo.¡¡¡

juana peres

2009/11/17 17.41h

Esramos de acuerdo

laura

2009/11/20 18.42h

Panama excelente ciudad

knklmblyvp

2010/02/20 00.45h

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Erantzun :

Blog honi buruz

No resulta fácil describirse uno a si mismo. Una de las canciones de mi infancia, me invita a contar mentiras, pero como la Txantrea es un pueblito, no tendrían mucho recorrido. Vivo y trabajo (por ahora) en la Txantrea; y vivo y trabajo para la Txantrea. Aficionado a los viajes y a la fotografía, uno de mis sueños es vivir y fotografiar Macondo, población radicada en la mente y los recuerdos de Gabriel García Márquez. Quien sabe, quizá algún día tenga la oportunidad de parrandear al son del acordeón de algún Buendía, o tomar parte en alguna de los treinta y dos levantamientos que el coronel promovió; o que miles de mariposas amarillas revoloteen a mí alrededor, anunciando mi presencia. Quien sabe.

Atalak