28 de abril de 2008

Por tierras de Bolivar. Crónicas.Colombia, Ciudad Perdida

Escrito por Alain

Santa Marta es también un lugar turístico, sobre todo por su costa y por la posibilidad de  subir a la Ciudad Perdida. La playa de la ciudad es bastante linda. En un malecón arreglado, el mar caribe se mece sobre la arena de la playa. Todo es perfecto: el mar, la arena, el sol... hasta que aparece un enorme barco en el horizonte que se va acercando, se va acercando y se te coloca a escasos cien metros de la playa para entrar en el puerto de la ciudad. Así que la playa pierde todo su encanto cada vez que una mole de estas, y es bastante a menudo, entra a puerto a cargar, descargar o lo que sea.

Y a Ciudad Perdida es hacia donde yo me dirigí en una salida de seis días y cinco noches. En el hotel donde estaba coincidí en el cuarto común con una alemán que hablaba “argentino” y una israelí muy simpática. Ambos, junto a un brasileño que también estaba en el cuarto, iban a hacer la excursión, así que esto ayudó a despejar mis dudas sobre el tema. Estaba claro que si empleaba seis días en esta salida, más el anterior, más el posterior, y contando el retraso que llevaba con los días que pasé en Costa Rica y Panamá que no estaban previstos, debía retocar mi ruta o repartir los días de diferente manera a como en un principio podía haberlo pensado. 

Al final salimos para la Ciudad Perdida nosotros cuatro y trece “guiris” más. Evidentemente, de todos ellos yo era el único que no hablaba inglés, así que el tema se ponía complicadete.  Por suerte había un francés que hablaba bastante, una simpática y tranquila gringa de Massachussets, el alemán que había aprendido castellano en argentina y los guías, nativos colombianos que, como el mendas, no manejaban la lengua de los anglos. El primer comenzó perfecto: perdí el libro que estaba leyendo: “Cien años de Soledad” (por séptima vez) y la libreta para tomar apuntes y donde tenía recogidas todas las anotaciones hasta el momento (direcciones, precios, buses...).

La primera caminata fue de “reconocimiento” de nuestras capacidades. Entramos en la selva, tras un exhaustivo registro por parte del ejército y comenzamos a disfrutar y sufrir de lo que observábamos. Extensas zonas de frondosa arboleda y extensas zonas de arbolado recién derribado, que pasaban a formar parte de las extensas zonas de pastoreo extensivo de ganado vacuno. Hicimos la primera noche en un pequeño poblado en una quebrada, con un riachuelo que lo cruzaba (evidentemente sin ningún tipo de puente ni nada por el estilo). 

A la mañana siguiente y tras el desayuno, y como nos advirtió varias veces el guía, “fuera de programa”, un vecino de la localidad, y a cambio de unos cuantos euros, nos mostraba a los interesados el proceso de fabricación de la pasta base de coca. Ya el día anterior habíamos pasado por varios campos de cultivo de hoja de coca. Creo que hubo pleno y tras cancelar todos el preceptivo “boleto” al profesor coca, alborozados, nos internamos tras él al interior de la selva.

Adán tiene 64 años, calza un sombrero de piel vuelta y viste el sobrenombre del “profesor coca”. Lleva más de 30 años en esta comarca. Antiguo campesino, la producción de alimento no le daba de comer. Aunque parezca una paradoja, así era y continúa siendo. Trabajar para producir papa, choclo, soja... apenas da para alimentarse, en cambio producir hoja de coca o trabajar en los campos de producción de esta planta, permite sacar adelante a la familia sin aprietos ni alegrías.

Caminamos unos cinco minutos y tras cruzar un río, en una pequeña isleta, el “profe” sacó unos cubos, montó un filtrador artesanal y comienza la explicación. Agarra un puñadito de hojas de coca y las mete en el cubo y las pica con una guadañadora artesanal. Bien picadas, las mezcla con sal y cal en una proporción dos a uno. Por cada dos kilos de sal echaba uno de cal. De esta forma, la reacción química de estos elementos con la hoja de coca permite “liberar” los extractos de la hoja que poseen los alcaloides que interesan para la fabricación de la pasta de coca.  Enseña al grupo de turistas como queda la mezcla y los flashes le iluminan la cara. Una sonrisa le nace de oreja a oreja.

Tras pisar una hora el producto (como pisa la uva el muñeco de la barraca del vino dulce de los sanfermines...) se mezcla con gasolina en proporción de 120 litros por 100 Kg. de hoja. El “profe” tiene la tarea echa y de debajo de una mesa bastante rústica, saca ya el “producto” pisado. “Con la gasolina lavamos la hoja y extraemos los alcaloides” explica. “Dejamos macerar por cinco horas y nos deshacemos de la hoja para trabajar únicamente con la gasolina, que es la lleva consigo los alcaloides. "Mezclamos la gasolina con ocho litros de agua y ocho cucharadas de ácido sulfúrico del 100% de pureza” Adán parece que esté dictando una receta de cocina. “Esta nueva mezcla se revuelve con otra batidora artesanal”.

Todo el material con el que hace la demostración es artesanal (acá, para esto de las herramientas son la mar de apañaos...) “y el agua con el H2SO4 baja arrastrando los alcaloides, y la gasolina queda arriba, se retira y se puede reutiliza en siguientes operaciones”. Realmente le queda bien el sobrenombre de Profesor. En cada paso, además de una concienzuda explicación, muestra los elementos a los turistas, que sin dejar de sacar fotografías, se hacen comentarios entre si generando sonrisas llenas de complicidad. Al líquido que nos queda le añade permanganato de potasio en proporción una a dos (cuidado chicos con mezclar el H2SO4 con el permanganato...). El permanganato le da el color blanco a la pasta. Esta mezcla debe quedar completamente negra, aunque con los siguientes pasos quedará blanca. Se dejan 24 horas “descansar” y por último se añade sosa cáustica para neutralizar el  ácido sulfúrico. Se vuelve a batir con agua y se filtra en unos paños (todo artesanal acá, oiga)  para eliminar todos los residuos que hubieran quedado de sal, cal y gasolina y ya tenemos la pasta base de la coca.

Como último paso está el secado y calentado para crear los moldes de pasta dura para transportar. Una vez filtrada, sobre la mugrienta tela que hace las labores de filtrado queda una plasta granulosa y blanquecina. Después de las fotos con el “profe” de cada turista, esta muestra es lo más fotografiado Con un kilo de pasta de base se generan unos 900 gramos de coca pura. Para conseguir un kilo de pasta base hacen falta como una tonelada de hojas de coca. Según nos comentó el “profesor”, producir un kilo de pasta base viene a costar unos dos millones de pesos colombianos (aprox. un euro son tres mil pesos) y se vende por dos millones y medio, con lo que queda de ganancia apenas medio millón de pesos colombianos, uno 170 euros. Desconozco cuanto ganarán los grandes traficantes con 900 gramos de coca pura que obtienen por cada kilo de pasta base, pero estoy seguro que será bastante más que medio millón de dólares... 

Adán no puede salir del poblado en el que habita. Una entrevista en “El Espectador”  y su posterior “alarma social” hizo que la policía fuera a buscarlo. Escapo a tiempo, pero se sabe condenado a no salir de estas tierras, con lo que,”estoy en la cárcel sin juicio, sin condena, sin día de ingreso y lo peor, sin fecha de salida” asevera mientras retuerce con su mano derecha un collar de cuentas rojas que lleva al cuello. El ejercito “le respeta”. No lo atrapa pero cuando viene alguna patrulla es “bien recibida” en casa de Adán y siempre tiene algún regalo para ellos. El cree que está haciendo una buena labor al explicar a los turistas el “sucio proceso que se emplea para fabricar la cocaína” afirma ufano mientras se quita el sombrero y se atusa sus sienes plateadas. 

Ahora, a partir de entrar en funcionamiento el “Plan Colombia”, se fumigan las áreas de cultivo de coca o se arrancan a mano y hay mucho más control para evitar la entrada de los materiales que se emplean para la producción de pasta de coca. Pero la realidad es terca y son decenas las toneladas que se elaboran de cocaína en esta tierra y toneladas de billetes que a su vez genera la droga del primer mundo. Por cierto, esto no se les ocurra hacerlo en casa amiguitos!!!! 

Después del rápido curso de aprendizaje para la elaboración de la pasta de coca, salimos raudos hacia la Ciudad Perdida. Caminamos por unas cuantas horas y en el camino la mayoría de los comentarios eran acerca de la experiencia vivida. Pasamos a última hora de la tarde por una comunidad kogui, que son indígenas que habitan esta sierra y al atardecer llegamos al campamento, donde un delicioso sancocho nos esperaba calentito.

El tercer día era uno de los más duros. Amanecimos pronto y después de desayunar salimos por lindos paisajes, subiendo y bajando montañas y cruzando en repetidas ocasiones el río Buritaca, hasta llegar a la base de la Ciudad Perdida. Únicamente 1300 escalones de unas rústicas escaleras construidas en la época prehispánica. Tras ascender esta preciosa escalera camuflada en el paisaje por el musgo y los helechos, llegamos a la primera zona de ruinas.La Ciudad Perdida era un lugar sagrado para los Tayronas, pueblo que la construyó. Tiene su espacio de ceremonias, sus terrazas de cultivo y su zona habitacional. En total son más de setecientas terrazas construidas sobre la ladera para poder hacer la vida en tan escarpado lugar.

La sorpresa fue llegar al lugar y encontrarlo lleno de militares. Bueno sorpresa, sorpresa...  En 2003 el ELN, Ejercito de Liberación Nacional, secuestro ocho turistas en este enclave turístico. A raíz de esto, la presencia en la zona del ejército es constante, con soldados de reemplazo o profesionales, con control de entrada, vigilancia y acompañamiento a los grupos (únicamente dentro del sitio arqueológico) e incluso con el aterrizaje y despegue de helicópteros desde una de las terrazas del complejo ceremonial principal. POr suerte, el guía que venía con nosotros, un colombiano la mar de simpático y hablador, fue secuestrado durante unas horas junto a los turistas y nos contó su experiencia, que se la transmitiré a ustedes en la siguiente abraxada

28 de abril de 2008

Imágenes de acá. Y dos

Escrito por Alain

Monos capuchinos o carablancas en Sanjosecito, Bahía Drake, Costa Rica.

 

Colibrí libando un una flor de callistemón en Filo Cartagena, Colombia.

Dos garzas en Sanjosecito.

Bandada de pelícanos.

Mika paseando...

bidean, Imágenes, afotos
28 de abril de 2008

Por tierras centroamericanas. Crónicas.Panamá

Escrito por Alain

Panamá es conocida mundialmente por el canal. Sin entrar en largas y densas chapas de historia, se puede decir que el canal fue el “creador de Panamá como país independiente. Y como siempre el actor que maneja los hilos de la marioneta es EEUU. Algunos pueden pensar que lo mío con los "iusei" es fijación, pero nada más lejos de la realidad. Con estudiar un poco la historia, bebiendo de varias fuentes, y leyendo un poco entre líneas y sabiendo como se las gastan “los amos del mundo” es fácil elegir el lado de la barricada. 

Panamá era un departamento de Colombia. Los planes de construir un paso entre los dos océanos vienen desde el tiempo de la corona de los españoles. Carlos V ya ordenó realizar estudios para la posible construcción de un paso para unir los océanos, pero final lo desecho porque “lo que dios había unido no lo podían separar los hombres”. Cuando se descubrió oro en California en el año 1848, debido a los peligros que en el “oeste” existían, para llegar desde la costa este estadounidense hasta California, se embarcaban hasta la costa este de Panamá para descender el río Chagres, pasar a lomas de mula la montaña, después se construiría (los gringos, como no) una línea de ferrocarril, seguir en canoas por el rió hasta la capital y embarcarse en el pacífico para, rumbo norte, llegar hasta California.  

El primer intento de construir el canal lo realizaron los franceses, el ingeniero Lesseps que recién había terminado de construir el Canal de Suez. Creo una Sociedad económica para lograr los fondos de construcción y se aprobó un proyecto de hacer un canal “a nivel”. Es decir, desplazando (excavando) toda la tierra existente entre los dos océanos, que evidentemente están al mismo nivel.Comenzaron las obras en 1880. El trabajo era duro y movilizó miles de trabajadores venidos desde todos los rincones de la tierra. Tras muchos problemas  de ingeniería (se cambió el proyecto, viendo la imposibilidad de construir el canal a nivel, por  la realización de un canal a esclusas) y sobre todo de índole económica por la falta de inversionistas (con un gran escándalo por la quiebra de la compañía y la acusación a su cúpula dirigente de malversación de fondos), en 1898 se dieron por vencidos. La primera intentona de construcción generó más de 22.000 muertos de diversas nacionalidades. La principal causa de muerte fue la fiebre amarilla, malaria y tuberculosis, aumentado todo ello por las duras condiciones de trabajo, de insalubridad, de carencia en la alimentación...

Fracasado este intento, los gringos estaban interesados todavía en la posibilidad de unir los dos mares. Tanto por el tema del oro de California como por la necesidad de movilización rápida de barcos de guerra en posibles áreas de conflicto, creían indispensable la realización de esta obra.

En un principio había dos proyectos, uno en Nicaragua a través del río San Juan hasta el Cocibolca y el de Panamá. Lograda la independencia de la corona española en 1921, deciden unirse al proyecto de Bolívar y crear una sola nación en el todo el continente sudamericano, quedando de esta forma unida a la Gran Colombia. Si bien es cierto que después intenta en diferentes ocasiones la independencia, no es hasta 1903 que lo consigue, con el amparo y apoyo de los EUA, que a su vez tiene ya vía libre para construir el canal, ocupar una parte importante de los márgenes del artificial paso y gestionarlo a su antojo. Ya veis que estos, no sabría que palabra de las mil que vienen a la mente los califica de mejor manera..., no dan puntada sin hilo.

Total, que los gringos, aprendiendo de los errores cometidos por los franceses y aprovechando el descubrimiento de la vacuna contra la fiebre amarilla, construyen el canal y lo gestionan hasta el año el “día del juicio final”: el 31 de diciembre de 1999 (ese en que todas las computadoras se iban a parar, el dios vengador iba a bajar de los cielos y achicharrarnos a rayazos y demás tonterías). Eso si, con la perdida de otras 5300 vidas de trabajadores, 4500 de ellos antillanos... 

El canal realmente es increíble. En 80 kilómetro de longitud, a través de tres juegos de esclusas triples, se salvan los 26 metros de desnivel que hay entre el mar y el lago artificial Gatún. Si el barco cruza del Atlántico al Pacífico, en las esclusas del lago Gatún se asciende los 26 metros en tres cámaras. El buque navega por el lago Gatún, y llega a las esclusas de Pedro Miguel donde desciende 8 metros y después a las de Miraflores donde desciende otros 18 para ponerse al nivel del mar. Si el barco entra del Pacífico, el recorrido es al revés. Es asombroso ver los enormes barcos cargados con miles de contenedores, en un equilibrio sorprendente, cargados hasta la bandera, entrar en unas “piscinas” de hormigón, casi rozando las paredes, ascender empujados por la entrada de millones de litros de agua y seguir camino a otra esclusa para repetir el proceso. 

Se paga según el tonelaje, el proceso dura aproximadamente unas veinte horas y el hecho de no llegar hasta el cabo de hornos y subir nuevamente hasta acá, puede ahorrar hasta dos millones de dólares y muchos días de travesía.   

Además de ver el canal en las esclusas de Miraflores, visitar la parte vieja a donde en parte no me dejaron entrar porque estaban rodando diversas secuencias de la trigésimo novena película del canso de James Bond (¿¿cuando van a enterrar al pibe este??), deleitarme paseando por el caluroso malecón, ver el centro financiero y comprarme unas zapatilla del 46 en uno de los centros comerciales más grandes en los que he estado jamás, tuve la ocasión de presenciar duros disturbios entre trabajadores de la construcción y la policía.  

Estaba ya un poquito extrañado de que no ocurriese apenas nada en los países por los que he pasado. Habitualmente siempre que viajamos por este continente nos ha tocado algún hecho moderadamente, trascendente al menos mediaticamente. Pero en Panamá se cumplió esta “rutina” viajera. En unas protestas por motivos laborales de los obreros de la construcción, un policía mató de un tiro a bocajarro por la espalda a un manifestante. Hay imágenes del asesinado y el policía momentos antes del suceso. Si bien es muy grave el hecho lo que generó la explosión de violencia vivida al día siguiente fue que era el cuarto asesinado por la policía en el último año en parecidas circunstancias. Y por supuesto el gobierno, después de palabras tibias, versiones oficiales vergonzantes y promesas de investigación, no ha enjuiciado a ninguno de los policías implicados (¿a que me suena todo esto...?). Solo falta que, imitando a otros “democráticos” estados, les cuelguen unas medallas al pecho... 

Pues eso, que marchaba hacia la boletería de Copa airlines para agarrar un boleo para llegar hasta Puerto Obaldía en avioneta y cruzar el golfo de Urabá en lancha para llegar a Colombia, cuando en el malecón me encuentro a la policía disparando botes lacrimógenos y pelotas de humo a un montón de manifestantes. Alojado relativamente cerca del malecón, todas las mañanas paseaba por el para ir hacia el casco antiguo o a la city, pero coincide que esa mañana hacia demasiado calor y me fui por las calles sombreadas del interior de la ciudad. Como iba a comprar el boleto y desayunar iba sin cámara, así que tras dudar un poco, cubrirme de los pelotazos y ver como los obreros iban ganando posiciones a unas superadas fuerzas antidisturbios, me fui al hotel a por la cámara.

Bajé por el malecón y charlando con los obreros de las barricadas me fui acercando a lo disturbios que cada vez se oían más lejanos. Delante de todas las obras grandes de construcción había barricadas y obreros “arrecheros” esperando la aparición de la policía. Me uní a los diversos grupos que estaban haciendo guardia a lo largo del malecón y con los diferentes grupos de periodistas que se repartían por estos grupetos esperando “sangre”, me informé de como se las gasta la policía por acá, en caso de enfrentamientos ya quedé con un par de cámaras para estar junto a ellos, pero nada de nada.

A las doce y media la “revolución” paró para comer con la “promesa” de continuar en la tarde. Después, líderes sindicales pasaron por las barricadas para informar a los que ya habían acabado de comer o tenían más hambre de “policía” que de otra cosa, que se levantaba el dispositivo pero que al día siguiente se continuaba a las seis de la mañana. De esta manera comprobé lo “poco revolucionarios” que eran los obreros panameños. Según me contaban los periodistas con los que departí, que acá últimamente habían sucedido varios de estos disturbios, pero que siempre se paraba para comer, que en ocasiones se continuaba a la tarde y que a lo sumo de lunes a jueves, que el viernes ya es “casi” fin de semana y la “revolución” puede esperar. Así que con la promesa de continuar al día siguiente tuve que cambiar los planes (si cerraban las vías no podría llegar al aeropuerto) por lo que agarré vuelo directo a Cartagena de Indias, bastante más caro, pero que salía antes que el siguiente vuelo con pasajes para Puerto Obaldía.  

Ni que decir que al día siguiente calma absoluta en las calles, los obreros en los tajos, yo paseando con mi cámara en busca de un poquito de acción y un día “perdido” por los sindicalistas amarillos que se venden por un “trozo de promesa”.

 

Al día siguiente salí para Cartagena de Indias pero la sorpresa llegó en el aeropuerto. Al final una leyenda urbana ha dejado de ser un bulo, una sombra de las que todos hablan pero que nadie jamás vio. Lo que siempre le sucede al primo de la cuñada del vecino, a la novia del compañero de equipo de uno de la clase de enfrente a la de tu sobrino, a un comercial de la ferretería en la que un día compraste una caja de chinchetas... me sucedió hoy a mí.  Puedo dar fe, comprometiendo mi palabra de vasco, ante nuestro árbol de Gernika, con la mano sobre las viejas leyes y escuchando con la cabeza bien alta el "gernikako arbola" en la versión de baldibada (“gernika kokakola”) que es bastante más agradable, que es verdad que en ocasiones comprando boleto de avión de turista te meten en primera clase. Y no solo eso, sino que te dejan entrar a la sala VIP del aeropuerto, que yo hasta ahora desconocía incluso de su existencia. Yo ante el desconocimiento y el sorpresón que me embargaba, intenté entrar a la sala diplomática (si también hay una sala de estas y tiene que ser aún más lujosa que la de los vip, a juzgar por la cara que me puso el guardián de la puerta...). 

Pues eso, que con mis chancletas gastadas, los pies negros (que la polución de las grandes ciudades y el sudor juega estas malas pasadas a personas tan higiénicas como yo), el pantalón comprado en la paka y la camiseta de la calavera (también de la paka), la mochila recosida y el acaloramiento del momento sufrido en la puerta de los diplomáticos, me plante allá como un Paco Martínez Soria sin gallina y a tocar todas la cosas, como los chiquillos. Y lo más, después de dos meses y 14 días: comí pan de verdad!!!! Y les acabé todas las tarrinas de queso philadelphia, que aunque ahora no tengo ya hambre, mañana la desayunaré... Internet gratis, barra libre de madera noble y acolchada como la de las películas de glamour y un camarero negro (acá es más bien habitual, pero no veas como viste en un lugar de esos). Evidentemente, todos trajeados, con sus laptops (que es como le dicen estos a los portátiles), sus maletas de ruedas y vasos de güisqui en las manos.  En el avión nos dieron a elegir un kitch de chorizo y pechuguitas de pollo con risotto (eso de ¿pasta o pollo? se quedó para el proletariado supongo) aunque para el viaje, que era únicamente de 47 minutos, supongo que a los de detrás de la cortina no les habrán dado nada, Únicamente habrán podido oler el risotto. Mi compañero de butaca, seguramente más viajado en estas situaciones ha pedido "un güisqui dos rocas con poco hielo y un plato de semillas (putos frutos secos)".  Y es que eso de abandonar el primero el avión y llegar a emigración sin hacer cola... no tiene precio!!! 

 

Cartagena de Indias es la ciudad más turística de Colombia. Tenía muchas ganas de llegar a Colombia, y si bien no tenía pensado pasar mucho tiempo en este lugar, más bien el imprescindible,  aún siendo bastante cara, me quedé tres diitas. A orillas del caribe, su luz, el calor y el color de sus calles, la elegancia de las construcciones coloniales y la pesadez de sus “jineteros”, me recordaron a mi entrañable Habana. En cada esquina arremetían contra tí con las mismas artes que los que a diario “resuelven” en las calles de la capital cubana. De donde eres, cuando llegaste y donde estás alojado son las tres preguntas que indican la posibilidad de sacarte algo de plata. Luego la oferta: polvo blanco, cristal, coca del 98% de pureza, hierba, chicas, rumba... De todos modos yo prefiero la Habana. El casco antiguo esta amurallado y es como una isla que para llegar a tierra firme debes cruzar por alguno de los diversos puentes que la unen. Abierta al mar, el aire salino impregna el ambiente y la costa es una larga playa, estrecha, acordonada por la carretera que bordea el centro histórico para entrar en la ciudad de tierra firme. La zona de playa es Bocagrande, donde se levantan los nuevos hoteles y torres de apartamentos, aunque el verdadero lugar de disfrutar el caribe es las islas del Rosario. A mi como la playa me aburre me abstuve de ir. El casco antiguo tiene multitud de joyerías donde venden esmeraldas (mi economía me abstuvo igualmente), algunos museos, iba a visitar el de la Inquisición pero estaban rodando otra película y no me dejaron ir, “Del amor y otros demonios” basada en la novela de García Márquez (el que tenga opción que lea el libro que es, con seguridad, mejor que el film, como puedo confirmar en el caso de “el amor en los tiempos del cólera”).  De Cartagena salí hacia Santa Marta, pasando de largo Barranquilla. Como dice la canción, “se va el caimán para Barranquilla”, pero viendo los datos del fin de semana anterior, once muertos por peleas y robos, dejé al caimán camino de Barranquillo y yo pasé de largo. Cruce la Cienaga y llegué a Santa Marta. Pueblito a orillas del caribe, a 80 km. al interior se encuentra Aracataca, lugar donde nació Gabriel García Márquez. En su novela “cien años de soledad”, donde narra la vida de las tres generaciones que tuvo la familia Buendía, donde se refleja gran parte de la niñez y los recuerdos de este gran escritor, se desenvuelve en un pueblo de ficción, Macondo, que lo establece en esta zona: en la Cienaga, Fundición, Manaure...  Además en Santa Marta muere el gran libertador Simón Bolívar. García Márquez recoge sus últimos meses de vida en una magnifica novela “El general en su laberinto”. Evidentemente al siguiente día de llegar a Santa Marta marché para Aracataca. Perdido en el interior, en una zona rayando el desierto y donde durante toda la mañana se siente el sopor de las dos de la tarde al que alude en su novela mágica, visitar sus calles te ayudan a concebir mejor su mundo imaginario. El calor es realmente insoportable y entiendes la actitud de los personajes de sus novelas y de la idiosincrasia caribeña que transmite en sus escritos. Siguiendo con mi mala suerte, la casa museo del escritor estaba cerrada y en obras, pero me topé con la encargada del museo de la casa del telegrafista y me acompañó hasta la casa museo y me mostró el interior que está en proceso inicial de rehabilitación. Hablamos de la obra de Gabo, de los planes futuros de la casa museo y me enseñó la casa del telegrafista. Acá es donde trabajó el padre de Gabo y lo que inspiró la novela recientemente llevada a la gran pantalla “el amor en los tiempos del Cólera”. Además de diversas fotos, recortes de prensa y una escultura de la abuela del escritor (en la que se basó para crear a Ursula Iguarán, la madre de los Buendía), hay diferentes ediciones de la celebre novela en diferentes lenguas. 

Me comí un par de panes dulces y un dulce de guayaba, me tomé una limonada fresca y regresé nuevamente a Santa Marta más contentó que un San Luís

bidean, crónicas, Panamá
28 de abril de 2008

Por tierras centroamericanas. Crónicas.Costa Rica

Escrito por Alain

Estando en Guatemala, Manuela me había dado el contacto de un madrileño que había trabajado en un hotel de Livingstone, Finca Tatín, y que ahora estaba construyendo uno en Costa Rica. Justamente el día en que nosotros llegábamos a  Antigua, ellos regresaban a Costa Rica, ellos son Miguel, el madrileño, y Almudena, su compañera; después de haber “asaltado” un montón de tolderías de textiles y arte (me niego a denominar artesanía al trabajo de verdader@s artistas) por todo el país, para darle un muchito de color al hotel en construcción.

Con bastante suerte pude contactar con Miguel y me dio unas señas aproximadas de donde se ubicaba la finca Maresía: en Bahía Drake, Península de Osa. Agarré bus hasta Palmar Norte, después colectivo hasta Sierpe y por último una lancha que se supone me llevaría hasta Bahía Drake. Ya no había ninguna que bajase hasta el mar, Sierpe esta a orillas del río que lleva el mismo nombre,  pero el dueño del bar donde pregunte me “colocó” en la lancha privada del dueño de un hotel de Sanjosecito. Yo no tenía ni repajolera idea de donde estaba Sanjosecito, ni lo que era Bahía Drake, ni cuanto tiempo costaba llegar, ni con quien iba.

Después de que el lanchero, a partir de ahora “pintxo” (mantengamos anónima su identidad), me dijese ahorita, pasaron como dos horas, el sol se iba deslizando por el horizonte y yo apenas me estaba enterando de poco hablando con algún lugareño que me quería vender su posada u hotelito. Total que después de tomarse unas cuantas birras, apareció el denominado”pintxo” en el embarcadero con una lancha de dos motores y dos parejas de pasajeros tomando trago. Comenzamos el descenso por al amplio río a toda velocidad. Yo en la proa, agarrado fuerte a la embarcación, acojonadito con los giros que se pega el pibe en los amplios meandros que el río iba asomando, un río que crecía por momentos engordado por los afluentes que se le iban sumando, mientras el “capitán” echaba mano de la neverita portátil y surtía de cervezas al resto de navegantes y saciaba su escasa sed (después de tres cervezas ya no puedes beber por sed…). Entre la velocidad, los giros de la lancha (planeadora según me pude enterar después), los gritos de la señorita de mi derecha, cuando pintxo me dijo que los dos pibes que venían en la lancha, con sus respectivas acompañantes, eran “jerifantes” del gobierno, me reí con la sonrisa bobalicona que ponemos cuando no te enteras de lo que te están diciendo. Al final resulta que los tíos eran de la muni y se estaban pegando una escapadita entre semana con el argumento de conocer la zona para un estudio de explotación turística o algo por el estilo. Vamos que en todos los lugares del mundo los políticos y funcionarios a dedo son así (y no descubro nada nuevo...).

Entre subida y bajada en la lancha, golpe contra las escasas olas y curva a izquierda y derecha para deleite de la clase política que jaleaba la “habilidad”  del capitán, la diversión llegó a su fin cuando la acompañante de uno de ellos se puso malísima, mareada como una boya, y al otro se le volaron las gafas de ver en uno de esas veloces acometidas. Por suerte pasamos un paso complicado, donde las corrientes del mar y el río confluyen y hay una zona de arena, Juan (este os lo “presentaré” más tarde) me lo explicó, pero no recuerdo muy bien la mecánica…

Por lo que me enteré más tarde, y más vale, el paso ese es bastante complicado, pero por suerte íbamos con uno de los mejores lancheros del lugar. A todo esto, ya habíamos dejado atrás Bahía Drake y nos dirigíamos a su hotel (listo el pichón…).

Pero no le guardo rencor porque pude deleitarme con una de las puestas de sol más bellas que recuerde (salvando las del malecón de la Habana…). El sol se fue “apagando” sumergiéndose en la mar y el cielo se iba prendiendo de puro fuego amarillento, rojizo, anaranjado. En ese momento en el que el día ya no es día y la noche aún no es noche, balanceándonos al albur de las olas mientras el gobernante de la lancha contaba las olas y decidía el  momento en que acelerar los rugientes motores para entrar entre dos enormes peñascos en las agitadas corrientes marinas para abandona r definitivamente la ría, nos atrapó la noche. La última sorpresa estaba por llegar. Al llegar a la bahía de Sanjosecito nos cambiamos de embarcación a una lanchita con motor fuera borda. Con ella y a toda velocidad, volamos sobre las olas y tomamos la playa en un abordaje salvaje sobre la arena.

Cuando me enteré de donde estaba y me enteré de los precios de las cabañas, el pibe se portó bien y me ofreció una hamaca gratis, después de pagar diez dólares por la cena (acá los “colones”, moneda oficial de Costa Rica, ni se mentan, ya que el 99% del turismo es extranjero, gringo en su mayoría).

Al amanecer, después de un paseito por la playa, me llevaron a Bahia Drake en un bote y comencé a preguntar por el pueblo. Cuando más o menos, a tenor de las imprecisas indicaciones que me dieron algunos lugareños, encontré el camino, mi sorpresa fue llegar al hotel nuevito que me “habían prometido” en Guate y encontrarme con un montón de obreros tirando de las más diversas herramientas construyendo el esqueleto del hotel. Pero bueno, celebro haber podido conocer a esta gente con la que estuve diez hermoso días, cuando mi intención era, según la tarifa que tuviesen (en Costa Rica esta todo carisisisísimo) estar descansando un par de días en la playa, recuperarme de la espalda (en Ometepe alquile una bici para recorrer la isla y con el palizón que me di tuve una pequeña recaída), ponerme al día con las crónicas (y no es broma…) y seguir viaje hacía Panamá para llegar rápido a Colombia.

Total que Maresía, en brasileño es algo así como ambiente de mar, no tenía ni el cartel puesto. Únicamente estaba construida la cabaña que sería dormitorio común con dos cuartos de dos camas, que ocupaban Miguel-Almudena y Juan, en el centro un dormitorio para seis camas que ahora era el comedor, la cocina, la oficina, despensa, sala de reuniones… y el lugar donde estaba colgada la hamaca en la que dormía (que las primeras dos noches compartí con el topógrafo que vino a realizar un levantamiento de parte de la finca (el espacio, no la hamaca)).

A dos kilómetros del pueblo, en el camino que va al pueblo de Los Planes, en lo alto de la montaña y abarcando una linda quebrada con su riachuelo y un amplio espacio de selva, desde la zona común (en construcción) se divisa el azul de la Bahía de Drake. Es un lugar increíble. Desde la terracita de la cabaña ves tucanes atravesar el horizonte o parlotear en la cima de algún palo cercano, guacamayas que cruzan los cielos al amanecer o al atardecer buscando las frutales de la costa, bullangueros loros de copete rojo, nerviosas ardillas entre la arboleda, pájaros carpintero de encarnada cabeza, alguna que otra terciopelo (venenosísima serpiente), y con suerte felinos de hidalgo porte, roedores y mamíferos huidizos o monos aulladores.

Miguel, madrileño de nacimiento y ciudadano del mundo, además de un amante de la vida es un viajero de los que cuentan sus historias en el programa de Roge Blasco. Con la bici ha recorrido gran parte del continente, mientras trabaja en México o Guatemala en diversas cosas relacionadas con el turismo. Trabajar mucho cortas temporadas y viajar mucho el resto del tiempo. En Guatemala estuvo cuatro años gestionando, junto a un argentino, un hotel en la selva en Río Dulce, camino a Livingstone. Tras unos problemas con el dueño (el boludo argentino) decide levantar el su negocio e imprimirle la filosofía y el carácter que el cree debe tener un hotel de viajeros, que no turistas.

Juan es valenciano y amigo desde la niñez de Miguel. Como Tito y Piraña, coincidían en Gandía durante el mes de agosto (ese en que todo el litoral mediterráneo esta plagado de madrileñ@s y sólo se oye el “coño” y “macho”). Valenciano de nacimiento y residencia, abogado contratado en un bufete de alto prestigio especializado en temas fiscales (como Tom Cruise en la Tapadera pero un “poquito más feito”), motero, viajero y juerguista implacable, los sábados y al final (la edad no perdona) los viernes también, “descansaba” de fiestear.

Después de años sin verse, en viaje de Juan a Guatemala se reencuentran a orillas del Río Dulce y tras contarle Miguel los planes que tiene, Juan ni se lo piensa y comienzan a buscar el lugar adecuado para comenzar su “Macondo”. Miran Brasil, encuentran el lugar pero “problemas de papeles” dan al traste con esa intentona. Rastrean las zonas que consideran cumplen los requisitos y no hay suerte hasta que encuentran este paraíso escondido y laborando están para que todo les salga bien. Yo creo que lo tienen hecho ya.

Y me falta de presentar Almudena. Compañera de Miguel, arquitecta con buen laburo en un prestigioso estudio madrileño, después de estar como jefa de obras de uno de los proyectos más importantes del estudio, cuando tiene todo hecho para dar un importante salto hacia arriba en el talentoso mundo de la arquitectura, se da cuenta de que lo que quiere en la vida esta más cerca de Costa Rica que de los codos y las envidias, el stress y la agonía de un trabajo de tanta competitividad.

El plan, sencillo: cuatro meses se encarga del hotel Miguel y cuatro Juan. Cuatro meses de vacaciones para viajar para Miguel, Cuatro para Juan. La filosofía: hotel de mochileros, a precio de mochileros, con calidad garantizada, limpieza y buen ambiente. Detalles de hotel de cinco estrellas, excelente gastronomía, buena bodega y más servicios que se irán ofreciendo: biblioteca, visitas guiadas (esto seguramente se encargue Juan...), información completa de la zona...

Casi todos los hoteles de la zona tienen unos precios elevadísimos, mal servicio y todo lo que ofrecen son excursiones pagadas. Ira a ver las ballenas, 80 dólares,  snorkel 40$, alquiler de quarks, piraguas, etc... Los paseos por la selva (que son gratis) nadie los menciona. Visitar el parque Sirenas: sólo con guía y pagando. Nadie te dice lo que hay por la zona si no es porque te lo venden ellos.

Pero bueno, cuando vayáis por allá, pasaros por Maresía que os informarán de todo perfectamente, y si lleváis un paquete de jamón envasado al vació, os aseguro un descuento importante... 

Yo estuve con los compas diez días. Echando una mano en lo que podía, paseando por el lugar, tomando fotos, dándome algún que otro bañito en las caldeadas aguas del mar, conversando, riendo, soñando... Ni que decir, que tras casi tres meses y gracias a la despensa del amigo Juan, recién llegado de Valencia con un jamón deshuesado y envasado al vacío en diversos paquetes, pude achicar, si quiera un poquito, la nostalgia del estomago: paellas exquisitas, lentejas, jamón, vino... y un increíble pollo al curry que solamente en Maresía podrás comer (ya sabes Almudena, los jueves cocinas tú).

 

La diversidad ecológica del lugar es increíble, Yo en el mar no me metí, pero bucear en la isla de Los Caños es fantástico. Tampoco hice mucho esfuerzo por ver animales (lo ideal es entrar en la selva prontito en la mañana o al atardecer y primeras horas de la noche) pero me topé con monos araña, capuchinos, diferentes pájaros carpinteros, guacamayas, loros, pizotes (un mamífero de largo hocico y larga cola que a pesar de su aspecto, parecido a un mapache, trepa por los árboles como un mono ), lagartos, iguanas, sapos, tucanes, zopilotes, ardillas, tepezcuintles, motmot, martín pescador, loras o cazadoras (culebras de color verde, largas, finas y esbeltas) y una mika, la culebra de la lengua azul y el torso azul y anaranjado. La de la foto tiene unos dos metros de largo, no era venenosa pero si bastante agresiva y da unos latigazos con su cola que es capaz de arrancar la corteza de los árboles.

Mosquitos pocos, pero las chicharras eran cansas con su ruido y estaban continuamente meando así que cuando te colocabas a la sombra de un árbol poblado por estas salías bastante mojadete...

Antes de salir de Iruñea tenía dos cosas claras que no se me podían olvidar ni perder durante el trayecto: la memoria para descargar las fotos y el calzado. La memoria se me rompió a los quince días estando en México (es un caos el tema de las fotos, no se ni cuantas llevo, ni donde están algunas) y una zapatilla la perdí (se saltó del toyota en el que íbamos por los “difíciles” caminos de Drake). Y es que encontrar un 46 por estas tierras es, cuando menos, una misión difícil...

Total, que con pena pero viendo que quedaba mucho camino por hacer, marché hacía Panamá, con un excelente recuerdo de mi largo paso por Maresía, con la intención de regresar algún día y dejando tres grandes amigos en este lado del mundo.

Cuando os envío estas chapas, tengo dos carpetas con direcciones de correo: forajidos (creada en Ecuador en honor a todo el pueblo que salió a la calle para voltear al presidente Lucio Gutiérrez que los llamó de esa manera) e Insurgentes, creada en México en recuerdo de todos los pueblos indígenas que combaten en defensa de su tierra y el derecho a vivir en ella. Cuando añadí las direcciones de los tres nuevos compas, los metí en la de Forajidos, porque con todo orgullo pueden decir que han escapado del sistema que al resto de nosotros nos atenaza, nos engulle y nos domina, impidiéndonos hacer la vida que desearíamos.

De Panamá poco que contar. Entre por David, una ciudad comercial cercana a la frontera con Costa Rica, y tras pasar allá todo el día, comprarme unas botas, de una tienda de paca, de “segundo pie” del número 47 y que no me gustaban nada pero era lo único que había en toda la ciudad de mi número, y luchar con Morfeo en una sala de cine (la verdad es que fue fácil para Morfeo competir con la última de Tim Burton y Jhonny Deep un musical de tétrico título –el barbero sangriento o algo por el estilo-), salí de viaje toda la noche para llegar a la capital a la mañana siguiente.

Ciudad de Panamá me sorprendió. También es cierto que después de tantos días en la “selva”, se agradece un poco de civilización. Abierta al mar, enormes rascacielos pueblan parte de la costa. Habitualmente estas altas edificaciones suelen albergas oficinas y sedes de grandes empresas y son los centros de negocios. En esta ciudad, una gran parte de estos edificios cercanos a las estrellas son viviendas. Eso si, son las viviendas de los que trabajan en esas oficinas de multinacionales y bancos. Porque Panamá es un paraíso fiscal de infinidad de empresas y bancos. Además el canal genera un muchísimo dinero además del poder que supone controlar en parte todo el flujo de mercancias que cruza el territorio. Pero eso lo contaré en la siguiente chapa, que me propuse hacer chapas cortas (chapitas) y me estoy alargando en exceso...

bidean, crónicas, costa rica
23 de abril de 2008

Por acá. Y tres. De Eduardo Galeano.

Escrito por Alain

 

  

1969

Bogotá 

Los gamines 

       Tienen la calle por casa. Son gatos en el salto y en el manotazo, gorriones en el vuelo, gallitos de pelea. Vagan en bandadas, en galladas; duermen en racimos, pegados por la helada del amanecer. Comen lo que roban o las sobras que mendigan o la basura que encuentran; apagan el hambre y el miedo aspirando gasolina o pegamento. Tienen dientes grises y caras quemadas por el frío.

      Arturo Dueñas, de la gallada de la calle Veintidós, se va de su banda. Está harto de dar el culo y recibir palizas por ser el más pequeño, el chinche, el chichigua; y decide que vale más largarse solo.

     Una de éstas, noche como cualquier otra noche, Arturo se desliza bajo una mesa de restorán, manotea una pata de pollo y alzándola como estandarte huye por las callejuelas. Cuando encuentra algún oscuro recoveco, se sienta a cenar. Un perrito lo mira y se relame. Varias veces Arturo lo echa y el perrito vuelve.Se miran: son igualitos los dos, hijos de nadie, apaleados, puro hueso y mugre. Arturo se resigna y convida.

     Desde entonces andan juntos, patialegres, compartiendo el peligro y el botín y las pulgas. Arturo, que nunca habló con nadie, cuenta sus cosas. El perrito duerme acurrucado a sus pies.

     Y una maldita tarde los policías atrapan a Arturo robando buñuelos, lo arrastran a la Estación Quinta y allí le pegan tremenda pateadura. Al tiempo Arturo vuelve a la calle todo maltrecho. El perrito no aparece. Mucho pregunta y nada. Mucho lo llama y nada. Nadie en el mundo está tan solo como este niño de siete años que está solo en las calles de la ciudad de Bogotá, ronco de tanto gritar.

Eduardo Galeano

del libro "Memoria del fuego III, El siglo del viento"

bidean, colombia
22 de abril de 2008

Por las tierras de Sandino. crónicas. Ometepe.

Escrito por Alain

De Granada, después de una corta visita a Diriangén, salí camino de Rivas hacia la isla de Ometepe. Embarqué en una vieja barcaza de pasajeros en unas aguas realmente bravas. Nunca pensé que un lago pudiese castigar a sus aguas con semejante saña. La imagen idílica de una enorme balsa, inmóvil y apacible de aguas relumbrantes, se convirtió en un autentico carrusel de subidas y bajadas sobre aristadas olas de aguas enmarronadas que, como muros de adobe, aparecían y desaparecían golpeando inclementes la quilla de la vetusta embarcación, entre crujidos y lamentos de la ajada madera, lo que provocaba  de una vez la sonrisa cómplice de los lugareños y el controlado pánico entre los turistas. Entre sacudida y vaivén, portentoso ascenso y angustioso descenso sobre las olas, las gaviotas en prodigiosas maniobras, se acercaban y alejaban vertiginosas de la cubierta de la embarcación entre angustiosos graznidos que los navegantes respondían con el lanzamiento de migas que, en asombrosas acrobacias y recias disputas, las más hábiles atrapaban en el aire. El oleaje no menguaba y entre el cresterío turbio de las aguas y el resol metálico de la luz del mediodía se apreciaba solemne, el cono perfecto del volcán Concepción. Una pequeña embarcación a remos y sus dos marineros luchaban habilidosamente entre las olas y tendían sus recosidas redes en busca de los asustadizos peces.

Ometepe, en lengua náhuatl significa dos montañas, es la isla más grande del mundo situada en el interior de un lago. En sus 275 Km . cuadrados acoge dos magníficos volcanes: el Concepción, y el Maderas con 1395 metros . Se podría decir que la propia isla son los dos volcanes unidos por un istmo estrecho de tierra. El Concepción es un cono perfecto, como son los volcanes de los cuentos. Su figura intachable emerge de las bravas aguas laureada por una eterna corona de nubes, haciéndolo perceptible desde  la orilla más cercana, accesible pero regio. El Maderas tiene una cima redondeada que no aparenta ser la de un volcán “convencional”, sin embargo en su cráter aloja una laguna de aguas oscuras que atestigua ese origen volcánico. Habitualmente, las nubes de la mañana se agarran a la ladera boscosa y oculta su cima a los visitantes como si se acomplejase ante la presencia fiereza de su hermano mayor.

A medida que nos acercábamos a la isla el oleaje decreció y al entrar en la bahía el agua súbitamente se clamó, las gaviotas que nos seguían solicitando alimento a cambio de sus acrobacias, como los malabaristas que trabajan frente a los semáforos, cambiaron el sentido de su vuelo y retornaron al puerto de Rivas tras otra barcaza que, a tenor de las sonrisas ingenuas de los navegantes, mayoritariamente turistas, no eran conscientes de la situación de las aguas y del tormento que los deparaba el cercano horizonte. Observando en la lejanía las cabriolas aéreas de las todavía hambrientas gaviotas y pensando en las turbulentas aguas que la barcaza que nos cruzamos, tan anciana y destartalada como la que nos transportaba, debía soportar llegamos al puerto de Moyogalpa, la segunda población más grande de la isla y situada en la ladera oeste del Concepción, justo en el lado opuesto al de la mayor población de la isla, Altagracia, situada al este del enorme volcán.

Agarré un bus y tras cruzar el istmo, llegué a la Magdalena desde donde ascendí un kilómetro por la ladera del Maderas hasta la finca Magdalena. También dedicada al ecoturismo y al cultivo ecológico, además de la tranquilidad del lugar, su magia, sus vistas del Concepción, su situación en las faldas del volcán, las vistas de la tranquila bahía (aunque supiese que era irreal esa placidez que las aguas mostraban en las orillas), la flora y la fauna,… elaboraban un excelente café.

 

Y en este idílico paisaje estuve cuatro días caminando de un lado a otro de la isla, disfrutando del bosque y sus habitantes: tranquilos monos aulladores que de vez en cuando rompían la calma con sus devastadores griteríos, locuaces loros de copete rojo, bullangueros cayanos de cola verde y acrobático vuelo (así denominan acá a especies parecidos a los periquitos verdes), indiscretas urracas de azulado plumaje y elegante cresta que me acompañaban posándose en los arbustos que escoltaban el camino en una infinita e imprudente curiosidad y supongo que más especies animales que, tan curiosos como las urracas pero bastante más cautos, se asomaban a mi paso o huían de mi presencia sin ser detectados.

En la calma de este paraíso sume un año más a mi curriculum personal, en una cifra que ya comienza a abultar un poquito, que no a pesar todavía, con la siempre agradecida compañía de Eduardo Galeano y Juan Rulfo, que a García Márquez lo guardaba para mis días por las tierras de Colombia.

 

La última noche en el lugar la pase en blanco a causa de los mosquitos, habilidosos ellos encontraron los escasos agujeros que la mosquitera tenía y me masacraron durante la corta noche, a las cuatro agarraba el bus para ir hasta Moyagalpa y enfrentarme nuevamente al turbulento mar dulce del Cocibolca, nombre originario del rebautizado lago Nicaragua, y a causa de los ratones que la antigua casona tenía como inquilinos. En el viejo granero reacomodado como “hotel”, los ratones de campo "tamaño gato grande" se alimentaban de lo que podían. Hombre prevenido, había comprado unos panes dulces para desayunar al levantarme antes del amanecer. Los muy cabrones, además de limpiarme el desayuno, me hicieron un considerable boquete en la mochila, además de tenerme toda la noche en vilo, esto con la ayuda del zumbido de los vuelos rasantes de los mosquitos.

Tras casi tres horas de bus en la noche por los ahuevados caminos de terracería de la isla, una tranquila travesía por las aguas aún dormidas del Cocibolca, y una horitas de bus, llegué a la caótica frontera de Costa Rica. Salía de “Centroamérica”, o al menos de su “unión política o económica” y era necesario sellar tanto la salida de Nicaragua como la entrada a Costa Rica. Agarré bus y tras cinco horas me planté en San José.

 

Cuando se habla de Costa Rica uno se hace a la idea de que es el país más avanzado de Centroamérica. Además de no tener ejercito, abolido en 1948 para evitar más guerras civiles, su “neutralidad” (entrecomillada porque colaboró con el gobierno gringo contra la nicaragua sandinista) y estabilidad social, ha hecho que muchas empresas se radiquen allá y la economía haya crecido. Muchas personas de países vecinos emigran hasta este país en busca de las oportunidades que sus países de origen les niegan o no les pueden ofrecer. Pero cuando llegas acá, todo es parecido, el ritmo, la comida, el clima, el transporte, las carreteras…

San José no tiene gran cosa para ver, pero después de varios días de bosque, el contacto con la “civilización” se agradeció: cena en sucursal de hamburguesas (pero  no mcdonalds), comida a base de sabrosas, enormes y económicas porciones de pizza y frescos (jugos fríos y aguados, pero igualmente económicos).

Ciudad anodina, con escasos encantos para visitar, en el centro tiene un par de largas calles peatonales. Comienzas a caminarlas y es un insistido caminar. Los comercios y “restaurantes” (si mcdonals se puede así considerar) se repiten en todas las cuadras. Como si de un tiovivo se tratara o del sinfín de una maquina, la sensación es que no avanzas o de hacerlo lo haces para regresar al mismo lugar de donde partiste. no recuerdas haber tomado ni una curva, ni un solo desvío, pero acabas en los mismos lugares, al menos en los mismos comercios. En cuatro manzanas hay 6 sportline, (tienda de deportes) y como cuatro mcdonalds, además de otras iteraciones menos insistentes. Los parques son tranquilos a pesar de la constante presencia de esculturas marciales de prohombres a caballo o en castrenses poses con elegantes uniformes y el pecho apretado de medallas. A pesar de no tener en estos momentos ejercito, como en casi todos los países de América latina, los parques están infestados de esta “fauna” que recuerda la historia tan dramática de estos pueblos.

También he detectado la presencia de abundantes bustos de en las ciudades de el continente de personajes históricos de otras naciones. Así Confucio, Carlos Gardel, el general Artigas, Ghandi y otras personalidades pueblas los paseos, parques y plazas de ciudades por las que jamás pasearon, visitaron o tuvieron relación alguna.

bidean, crónicas, Nicaragua
21 de abril de 2008

Por acá. Y dos.

Escrito por Alain

Se llama Marcelo. Viste sombrero de paja de ala ancha y no se donde nació pero vive en las calles del barrio de la Candelaria, en la ciudad de Bogotá. La mala suerte y una epilepsia inoportuna le apagaron su estrella. Ofrece su arte a cambio de unas monedas. Al sonreírle, bajo su sombrero se encienden los ojos de los artistas enmusados.

–Hace mucho que nadie me sonreía.- confiesa.

Marcelo es retratista. Fino retratista.  

relatos, bidean
17 de abril de 2008

Por las tierras de Sandino. Crónicas. Granada y pueblos blancos

Escrito por Alain

De Managua salí hacia Masaya, un pueblito poblado de artesanos, con una bonita plaza de armas y una espectacular laguna ovalada de aguas cambiantes que según la posición del sol y la claridad del día, pasaban de un verde esmeralda a un negro intenso que en ocasiones le daba un aire bastante tétrico. Hundida en la caldera de un antiguo volcán, su circular perímetro cubierto de una tupida boscosidad  verde colgante de escarpadas laderas, le otorga un halo misterioso, que la cumbre del volcán Masaya, situado al norte de la laguna, la corona sublimemente. Un paseo de piedra cuelga sobre la laguna y pone fin al pueblo de Masaya por su parte oeste.

Su plaza central además de la tradicional y blanca iglesia cuenta con un par de parques infantiles, pequeñas zonas verdes y un par de kioskitos de café con sus correspondientes terracitas. Como en la mayoría de pueblos de Nicaragua, no faltan los bustos o estatuas de sus dos héroes nacionales: Rubén Darío y A.C. Sandino.  

Pueblo de artesanos, además de las hamacas que tienen gran fama en el país, en el barrio de Monimbó artistas de todas las disciplinas crean increíbles textiles, pinturas, o trabajan todo tipo de materiales como el cuero, la madera, la cerámica, la piedra y otras disciplinas.  

Apenas pasé un día en esta linda ciudad de donde salí para la cercana ciudad de Granada, bastión conservador durante la guerra civil, en eterna pugna por la capitalidad con su sempiterno rival León, fue totalmente destruida por el filibustero Walker en 1856.  Tomé Granada, como antes lo hiciera Walker, de “centro de operaciones” para visitar los pueblos blancos. 

Tuve la suerte de coincidir con una de las festividades más lindas que se celebran en Nicaragua. En Diriamba a finales de enero, por san Sebastián,  los locales celebran a su patrón con danzas, procesiones y encuentros hípicos. Uno de los momentos más emocionantes es el tope de los santos.

 La jornada comienza pronto, con una misa en la iglesia de Diriamba. A ella comienzan a acudir los distintos grupos danzantes y se realizan diferentes bailes. Como por acá es habitual, el caos y el desconcierto relativamente organizado es parte del programa festivo. Cuando acudí a la iglesia, a sus puertas ya había u grupo de danzantes participado por niños.

Con las máscaras de rostros rosados y ojos claros que ridiculizan a los conquistadores, realizan un baile llamado “de los diablitos” en el que dos de ellos, armados de punzantes dagas y circulares escudos de hierro, luchan hasta la muerte encerrados en un circulo por el resto de los bailarines que jalean golpeando sus dagas contra los escudos de mano de forma rítmica y acuchillan finalmente todos al perdedor. 

Mientras estos bailaban a la puerta de la iglesia, por la calle perpendicular a ésta aparecieron un montón de danzantes avanzando hacia los “diablitos” bailando el toro huaca. Esta danza la encabezada un personaje que con txapela y con una estructura que asemeja la cabeza de un toro montada sobre un armazón con una tela. En dos hileras, una veintena de danzantes vestidos con mucho colorido, una mascara de “españolito” y un sombrero coronado con plumas de pavo real, espejitos y tiras de colores, caminan entrecruzándose, formando una sola hilera o volviendo a la formación inicial. El toro se encarga de abrir el paso entre el gentío, arremetiendo con sus astas a la gente que interrumpe el paso. Cuando este grupo "echo” a los diablitos de la puerta de la iglesia y comenzó un baile donde el toro iba retando a diferentes danzantes y luchaba contra ellos, de la otra parte de la plaza comenzaron a escucharse marimbas y las “inditas” aparecieron en escenas con sus coloridos huipiles y faldas floreadas con volantes que hacían girar y girar sin descanso.  

Al momento aparecieron los del baile del güegüense o macho ratón. Este es un personaje muy famoso de Nicaragua y proviene de la literatura, de una obra de teatro anónima que, escrita en náhuatl y castellano, es un resumen de la fusión de la cultura indígena y colonizadora. El macho esta representado por unos danzantes con mascaras de caballos, con flores de mil colores en la cabeza, camisa blanca, chaleco negro y más detalles que son difíciles de precisar.

Mientras estos se hacían hueco a la puerta de la iglesia, los diablitos entraban a honrar a san Sebastián, las inditas bailaban o ensayaban en un lateral y los güegüenses hacían una hilera para comenzar la visita al altar para ver al santo, otra marimba sonaba fuerte en las cercanías de la iglesia y una pareja de “viejos” con sendas máscaras caracterizadas de graciosos ancianos, bailaban sin parar a un ritmo frenético. A su lado, otro pequeño grupo de inditas hacían lo propio al ritmo que marcaban sus músicos. En esta bullaranga de instrumentos, mascaras y bailes, salió el santo de la iglesia y comenzamos a andar por el pueblo en un desconcierto parcialmente organizado.

Entre la kalejira de dantzaris, músicos,  devotos y turistas, aparecían entre la marabunta festiva, casi pisados por la turba, penitentes que venían desde la otra punta del pueblo caminando a gatas sobre el abrasante y resistente asfalto, hasta encontrarse con el santo para agradecer que se yo (estos “flagelados” de la vida siempre sufriendo…).

Total que a media mañana, con un atosigante calor, sin una mísera sombra en el camino, todos los habitantes del pueblo, más los turistas, los vendedores de todo que estos masificados encuentros atraen, carteristas (que siempre están entre el gentío) gentes de buen vivir y demás parentela, nos dirigimos al poblado de Dolores, a medio camino entre Jinotepe y Diariamba, para que san Sebastián se encontrase con sus amigos san Marcos, patrón de San Marcos y Santiago, patrón de Jinotepe, ante la atenta mirada de la Virgen de Dolores. Esto le llaman el tope de los santos y lo repiten además de en san Sebastián, con las festividades de santiago apóstol y san marcos. Las otras procesiones llegan acompañados de sus danzantes (unos eran unos esqueletos con grandes tijeras en las manos) y ante la iglesia de Dolores se encuentran y “saludan” mientras la multitud flamea pañuelos al aire. La verdad que aunque fue bastante caótico, tuvo además de un desbordamiento de color música y danza, un puntito de emoción. 

Al siguiente día visité Niquinohomo, otro de los pueblos que forma los llamados pueblos blancos. En lengua chorotega significa “el valle de los guerreros” y es el lugar donde nació Augusto Cesar Sandino, el general de hombres libres. No tiene nada especial este pueblo más que el monumento levantado en honor del “mártir de la patria y el mayor de sus hijos” y la casa donde este nació que hoy lo ocupa la biblioteca del pueblo que lleva su nombre. Según pude hablar con la bibliotecaria, a partir de entrar los liberales en el gobierno habían dejado de recibir subvenciones para la casa museo de Sandino y en el último gobierno cambiaron el uso de museo a biblioteca. En un cuartito pequeño y de mala manera, amontonado y sin gran orden, gracias al celo y la conciencia de la seño de la biblioteca, mantiene todavía parte de lo que el museo mostraba con anterioridad a su cambio de uso (algunos útiles de la familia y del propio Sandino, libros, fotos y demás) y que de haber sido por el gobierno, estarían abandonados en cualquier almacén o habrían sido destruidos con el afán de intentar hacer desaparecer al mítico guerrero.    

Granada es una linda ciudad renacida de las cenizas del asalto de Walker en 1856, con una estructura colonial y neoclásica repleta de lindas construcciones de altos techos y enormes ventanales. Ciudad turística por excelencia, la plaza central a la sombra de enormes “mimosas” y con un quiosco central donde a menudo la música ameniza la charla y descanso de lugareños y turistas. En sus cuatro esquinas pequeños “quioscos” ofrecen en sus agradables terrazas, refrigerios, tentempiés o aromático café nicaragüense. La catedral, con su blanco y macizo campanario de brillante blancura da la espalda al lago Nicaragua, el lago Cocibolca en lengua náhuatl (el lago de la gran serpiente) al que se llega atravesando un bonito paseo de unos 2km, jalonado de enormes mangos cargados de verdes frutos que los más pequeños del lugar apeaban a pedradas para comerlos con vinagre y sal (con lo ricos que son maduritos). El lago Nicaragua es el segundo más grande de América, después del Titicaca. Desde la orilla de Granada no se ve la orilla contraria por lo que los nicas le llaman la gran mar dulce. Repleto de isletas, las aguas se encrespan al atardecer acunadas por la brisa, que al calor de las cuatro se agradece en las calles de la ciudad.  

 

bidean, crónicas, Nicaragua
07 de abril de 2008

Por las tierras de Sandino. Crónicas. Miraflor y Managua

Escrito por Alain

Como iba contando tras la chapa acerca de mi visión de la historia de Nicaragua, de Estelí me fui hacia la reserva de Miraflor. En este lugar cercano a la sierra de las Segovias funciona una cooperativa campesina que además de trabajar la tierra de forma ecológica, tienen un programa de turismo rural muy interesante, pionero en Nicaragua y que se está extendiendo a otras comunidades del país. De esta forma, además de conocer de primera mano la forma de vida en la sierra, el beneficio económico que el turismo genera recae directamente en las manos de los que generan, mantienen y cuidan esos bellos lugares.

A mi me tocó la suerte de alojarme con la familia Talavera Galeano. Y digo que tuve suerte porque pasaban de mi, hacían la vida como si yo no estuviera y de esta manera pude participar y observar una vida familiar normal, incluso interactuando con ellos como uno más. El padre, José Manuel, alto y enjuto, vestía un fino bigote negro sobre su rostro serio y afable. De pocas palabras, hablaba en un tono bajo, apenas audible. Cuando decía algo, era importante. La madre, no supe nunca su nombre, era más parca aún en palabras. Siempre activa, pasaba la mayor parte del tiempo en la cocina y el patio donde las platanillas ponían la nota de color sobre un jardín bastante descuidado pero con el encanto propio de la naturaleza montaraz. Nos daba a todos de comer cuando se lo pedíamos con una diligencia extraordinaria y siempre sabía donde estaba cada cual de los cinco hijos, cuatro chicos y una chica, que yo al menos conocí. Henry era mi guía. De apenas 24 años, de estatura baja pero de complexión fuerte, me llevó por diferentes lugares y me contó muchas cosas del lugar. El segundo, Jeison, apenas coincidí con el. El tercero apenas paraba por la casa, aunque parecía bastante activo en lo poco que lo trate. La chica, no recuerdo su nombre, siempre llevaba la sonrisa puesta en la boca. Y con Michael, acá le decían maikol, el más pequeño de todos, con apenas doce años, hice muy buenas migas. Astuto y locuaz, todas las tardes nos íbamos a ver atardecer y tomar algunas fotos del horizonte que iba prendiéndose a medida que el sol se ocultaba en el lejano horizonte montañoso, mientras tornaba las tonalidades hasta convertirse en puro fuego anaranjado para sofocarse en la más negra de las noches que puede haber en la tierra.  

Durante el día, a base de un pastillazo de ibuprofeno y una buena capa de bálsamo de tigre, aguantaba las caminatas. Además, con la zona caliente de caminar, no tenía problemas. Pero cuando me retiraba a dormir, con una cama realizada con cuerdas de cáñamo tirantes a modo de somier, con un frío que se colaba hasta el tuétano y me obligaba a encogerme en un ovillo para intentar contrarrestarlo, me levantaba con la espalda peor que el día anterior y el ibuprofeno y la pomada apenas mejoraban un poquito mi situación.

Visité cascadas, el laboratorio de cata de café ecológico, el orquidiario, encantadores paisajes y productivos campos de cultivo. La cooperativa de Miraflor esta compuesta por una decena de comunidades que además de ofertar un turismo diferente en la reserva, practican una agricultura de producción ecológica, donde el café es el producto estrella. La naturaleza y el paisaje eran lindos pero lo más interesante era la posibilidad de compartir unos días con la familia.

La primera tarde, al poco de llegar y caminar un ratito, tras una generosa cena compuesta por arroz, pollo, camote y dos enormes tortillas de maíz, me uní a la familia frente al pequeño televisor en blanco y negro para ver la telenovela. Hasta los tres perros estaban frente al único electrodoméstico que existe en casi todos los hogares del mundo, desde los más lujosos palacios a las más funestas chabolas, al anochecer en los vidrios de las ventanas o en los vacíos de las paredes de las casitas de de lata y cartón, se ve el parpadeante resplandor de la luz hipnotizante. La telenovela, el culebrón venezolano, enganchaba a chicos y mayores. Además, a partir de la seis había un carrusel de telenovelas en el canal nica, todos diferentes pero iguales a la vez, tanto en formato, como historias, tramas y resoluciones. Lo único que podía cambiar era el acento y las expresiones, ya que había seriales mexicanos, venezolanos y un folletín brasileño de mediocre doblaje y pésima elaboración.

 

La segunda tarde saqué el computador y los chicos de la casa pusieron unos dvds. Por suerte, la película de Stallone estaba demasiado rayada y la de Patrick Swaize cascó a los veinte minutos y pude poner una película que había comprado en el museo de héroes y mártires de León acerca de la toma de León por parte del frente sandinista en 1979. Acá es cuando el padre comenzó a recordar y a hablar. Conocía las armas, las granadas, incluso creyó conocer a alguno de los que salía en primera fila FAL en mano. Emocionado, rememoraba como fueron los combates en Estelí y León y en toda la comarca. Cómo se fue ganando esquina a esquina al enemigo y como se botó a la guardia somocista. Incluso mencionó algo de amigos y familiares fallecidos en tan duras refriegas, Sandinista hasta la médula, esperaba mucho de este nuevo gobierno que no podía defraudarlos después de tanto sufrimiento con gobiernos liberales.  Una de las cosas que más me llamó la atención y que afirman mi tesis acerca de porque el sandinismo perdió las elecciones de 1990 fue al mencionar el reclutamiento forzoso para combatir a la Contra. Una vez huido Somoza, muchos de los milicianos y combatientes sandinistas volvieron a sus quehaceres o participaron de la construcción revolucionaria en diferentes ámbitos al militar. Levantaron sus casas en las tierras que el gobierno repartió entre el campesinado, se casarón, tuvieron familia… y a la vuelta e cuatro cinco años, el gobierno “les obligó” a volver a agarrar el fusil e ir a defender la revolución de las manos ensangrentadas del gobierno Reagan, financiador principal de la contra. No es lo mismo ir a combatir por decisión propia, obligado moralmente en luchar contra la injusticia, sin responsabilidades familiares que agarrar un fusil obligado por el gobierno, con los campos sembrados y una mujer y unos cuantos retoños esperando ansioso el regreso del cabeza de familia

Decisiones como la de restablecer el servicio militar obligatorio, además de la consecuencia de una economía de guerra, donde gran parte del presupuesto que se debía dedicar (y que en un principio se dedico) a la educación, la sanidad e infraestructuras, y sobre todo la presión del gobierno gringo que amenazó con no aceptar una victoria sandinista, llevaron a la derrota por la mínima del sandinismo ante el liberalismo representado por al viuda del periodista asesinado por el somocismo, Violeta Chamorro. 

Al siguiente día, además de ver nuevamente la película de la toma de León, vimos unas fotos de Henry en Suecia, donde vivió por unos meses. Era sorprendente escuchar los comentarios y las explicaciones que el hijo daba acerca de cosas tan naturales para nosotros como pueden ser unos túneles de carretera, una grúa de construcción o una pista de hielo. Porque aunque la nieve no la conozcan físicamente, no la hayan sentido, ni disfrutado, ni jugado, si conocen lo que es.  

Una de las cosas que más me ha llamado la atención acerca de la fuerte penetración cultural que sufren en estos lugares es en relación a la navidad. Desconozco si hace unos decenios la celebraban y de que manera, pero me cuesta mucho creer que en lugares tan calurosos como Suchitoto, Managua o Masaya, en diciembre un tipo gordo de barbas blancas, con un grueso abrigo rojo hasta las rodillas y unos enormes venados de extrañas cuernas tirando de un trineo volante, se introduzca por las chimeneas de las casitas de cartón (que la mayoría, a pesar de que cocinan con fuego, no tienen chimenea y evacuan el humo por la puerta o entre las grietas del liviano techado) mientras deja un enorme reguero de nieve cándida y heladora en lugares donde apenas llueve unos litros de agua al año. Pues ahora, además de las luces decorativas (un tanto chabacanas en muchas ocasiones y que aún en marzo alumbran algunos comercios o siguen suspendidas de los faroles de lagunas calles) y los nacimientos cristianos, en las casas de buena familia no faltan los abetos recargados de decoraciones ramplonas y saturados de nieve artificial. Y es que una navidad sin nieve en medio de Managua… no es una navidad cristiana. 

 

Después de tres días con la familia Talavera Galeano de la que siempre guardaré un cariñoso recuerdo, salí para Matagalpa, con la espalda bastante jodida, con la intención de encontrarme con Luisa, una Navarra que lleva por acá viviendo desde hace como veinte años. Matagalpa es el centro cafetalero de Nicaragua. Aunque no lo creáis,  además de Colombia y de Juan Valdez, hay más lugares donde se produce un café de calidad. En Guatemala, Nicaragua, El Salvador, Brasil, Kenia… también se produce un excelente café que no ha sido tan bien “vendido” como el del amigo Valdez.

A medida que te vas acercando a la ciudad, a ambos lados de la carretera extensas superficies de plásticos negros se cubren del dorado fruto, que extendido en delgadas capas, se deja secar por unas horas al cálido sol y se introduce más tarde en enormes sacos que se apilan creando largos muros de tela que abarcan centenares de metros de distancia. No se los millones de kilos de café que produce Nicaragua, pero solo con lo que había en los alrededores de la ciudad se podría dar tazones de puro café negro a toda la humanidad. 

Pase dos días recuperándome de los dolores de espalda. Pillé un hotelito con una cama con colchón bien duro, tele por cable y cerca de una sucursal de panadería mussmani (tienen unas flautas de piña, donas de chocolate y delicias reposteras que levantan la txapela a uno, oiga) a esperar que la contractura remitiese con reposo. Contacté con Luisa pero ya era demasiado tarde y tuve que salir hacia Managua sin encontrarnos. Una lastima.  

Matagalpa es el lugar donde nació el Comandante revolucionario Carlos Fonseca, uno de los fundadores del Frente Sandinista, quien cayó en combate contra la guardia nacional en 1976. Ejemplar estudiante e intelectual de primera fila, fue uno de los fundadores de la JDN (Juventud Democrática Nicaragüense), primer intento serio de la juventud por luchar contra la dictadura, lo que hizo que lo deportaran a Guatemala de donde paso a integrarse en una columna guerrillera en la cual resultó herido de bala en un pulmón en Honduras, cuando preparaban su penetración en territorio nicaragüense. Tras restablecerse en Cuba, junto a Tomás Borge y otros fundó en frente y murió combatiendo en la selva de Zinica. Una emotiva canción de Carlos Mejía Godoy glosa su vida, ejemplo para muchos otros combatientes y guerrilleros. Varios bustos suyos están repartidos por la ciudad, aunque la casa donde nació y que hoy se supone es un museo, estaba cerrada y por lo que me pude enterar abre sus puertas de forma aleatoria: hoy si, mañana quizás, el otro igual, el siguiente puede que si

Managua es una ciudad extraña. A orillas del lago Managua, es capital de Nicaragua desde 1855, cuando salió triunfante de las continuas disputas que por la capitalidad mantenían León y Granada. Loma Tiscapa, un pequeño cerro en el centro de la ciudad que tiene a su vera una circular laguna cerrada de igual nombre, además de ser donde se encontraba el palacio presidencial y donde detuvieron a Sandino para matarlo, y que ahora esta presidida por una enorme silueta del general de hombres libres, es un excelente mirador de la ciudad inexistente. Desde la altura, una ciudad de casi dos millones de habitantes, apenas se ven casas altas, de tres o más alturas, y las bajas se ocultan en la selva arborícola. Y es que el calor sofocante de la ciudad, unida a la casi total destrucción del centro de la misma en el terremoto de 1972, ha originado que muchos solares del centro hayan quedado desiertos o se hayan construidos casitas bajas que se ocultan entre la cantidad de arbolado que riega toda la zona, dando lugar a una imagen diferente a lo que es una capital latinoamericana.

Se comenta que Managua es una ciudad peligrosa, con un alto índice de delincuencia. La verdad es que yo no pude ver ni sentir nada de eso. También es cierto que solamente visité la zona monumental y me retiré al hostal, como tengo costumbre, al poco de anochecer. No hay gran cosa para ver en la city: además de la Loma Tiscapa , se puede ver la vieja catedral (de las pocas edificaciones de la zona que aguantaron el terremoto), el teatro Rubén Darío, el malecón del lago, lleno de chiringuitos con la música a todo volumen (también costumbre por acá), la plaza de la fe, un exagerado espacio dedicado a Juan Pablo II (con un enorme escenario blanco que asemeja una enorme concha peregrina y un obelisco con fotos y textos del pontífice y del presidente corrupto Arnoldo Alemán), el palacio de cultura (formidable edificación donde aloja la biblioteca, salas de conferencias, exposiciones etc…) situado al ladito de la vieja catedral y junto al mausoleo que acoge los restos del Comandante Carlos Fonseca, que forman entre las tres edificaciones una gran plaza denominada la plaza de la Revolución , donde el presidente Ortega hace sus charlas “al pueblo” al estilo Chávez.

La verdad es que Managua no tiene gran cosa para ver, pero yo tuve la suerte de presenciar un evento que recordaré toda la vida. Caminando hacia Tiscapa me sorprendió la gran presencia policial. Además en plan hombres de harrison, armados hasta los dientes, con chalecos, cascos, rifles de mira telescópica y todo el equipo que se pueda imaginar. Sorprendido, me acerqué al lugar y observé el alto número de furgonetas de radio y televisión y la presencia de bastante gente. Había visto en el noticiario tanto a Chávez como a Ortega recorriendo el país en un todo terreno plateado que el propio Ortega manejaba, y muy bien según comentó más tarde Chávez en el auditorio ante centenares de personas, y ese carro lo tenía delante mía, hasta con la sirena azul de “secreta” sobre la chapa del techo reluciente

En el palacio de convenciones frente al hotel Crowne, la gente entraba y salía sin problemas del lugar. Pregunte a la policía y ahí estaban, en un encuentro abierto para pequeños empresarios, dos de las personas que más tinta han hecho correr en los últimos tiempos en la prensa internacional. Tras un pequeño registro en la entrada y pasar por el arco detector de metales y en una enorme sala repleta de personas de toda edad y condición, en una mesa repleta de flores y con un fondo presidido por las banderas repetidas de Nicaragua y Venezuela, Hugo Chavez, ya con el micrófono en mano, Daniel Ortega y diferentes ministros de ambos gobiernos, hablando ante un auditorio de libre acceso. Yo, que iba sin la cámara de fotos y sin mi “carné de periodista” (que pasa?!, tanto escribir en la revista del barrio me tiene que traer algún “beneficio”…), salí a la carrera avisando a la linda policía del arco metálico que iba a por la cámara de fotos, agarré un taxi hasta el hotel y regrese con la esperanza de que no hubiera acabado el encuentro. Al entrar la policía del arco ni me hizo pasar por él (vaya control de seguridad!!) y aún estaba el presidente con el micro en la mano.

Tres horas más estuvo Hugo platicando con el personal, además de recitar, cantar, vacilar a Ortega con el “porque no te callas” que le espetó juancarlitos en la última cumbre latinoamericana, enseñar planos, mapas, dar cifras, meterse con Bush y culpar a los organizadores por cederle el micrófono (-ya os dije que no me pasaseis el micro… - dijo mirando el reloj en varias ocasiones).

 

 Mi impresión acerca del encuentro resulto contradictoria. Por un lado me parece increíblemente sorprendente e imposible de ver en casi todos los países democráticos del primer, segundo y tercer mundo, sobre todo del primer mundo, la cercanía de estas personas hacia el pueblo. Entrada libre a un evento de esta magnitud (donde asiste un presidente al que más de un país prefiere o quiere muerto), sin apenas control, ni trabas es, por lo menos, muy poco usual. La forma de hablar de Chávez, clara, directa, llana, completamente entendible, haciendo pequeños chistes, guasas, recitando a poetas o líderes históricos (hizo referencia a un poema de Rubén Darío y varias frases de Bolívar), incluso cantando una canción popular nica cuando se despedía, es muy poco común en la clase política (mayormente seria, antipática, milimétrica, con gran capacidad de actuación pero muy poca de improvisación,  de gran soberbia, cuadrada y guionizada).

Con un discurso muy bien estructurado y con gran capacidad de llegar a la gente, pese a sus eternas chapas (casi como las mías..), lo único que me desagrada de Chávez es que en muchas ocasiones esta cercanía la emplea en foros donde debe ser más serio y que ese “no saber estar” lo emplean sus cuantiosos enemigos (los enemigos de que el mundo sea un poquito más justo, aunque ellos tengan que perder un poquito “de plata”) para deslegitimar el discurso bolivariano y socialista y ocultar todas las grandes cosas que han hecho los nuevos gobiernos de izquierda y pseudos izquierda del continente, que también han fracasado en otros aspectos.

Es increíble la campaña que desde Europa y los Usa están creando contra Chávez. Una de las cabezas más visibles es el grupo prisa y el periódico “El País”. Desde el 15 de enero al 15 de marzo de 2008 este “periódico independiente” escribió más de 142 artículos acerca de Venezuela, casi dos y medio al día, criticando ferozmente al gobierno de Chávez. Es cuando menos extraño esa fijación para con un país alejado por miles de kilómetros y que aunque su colonia emigrante es amplia en España, dudo que compren todos el diario este y dediquen tanto espacio pensando en una ampliación de ventas… 

Pues eso, que tras finalizar la larga chapa de los antiguos comandantes, se fueron al hotel a comer para salir al rato, y yo, con mis chanclas de turista, las piernas abrasadas a picotazos de jejenes, los pantalones comprados de segunda pierna (o de segunda mano como mejor lo entendáis), la camiseta de la calavera, también de segundo uso, la barba descuidada que me caracteriza y mi carné de prensa, me colé en el tropel de escribanos y toma fotos como uno más, pese a las inquisitoriales miradas de la guardia roja del presidente. Esta vez fue Chávez quien manejo el carro con Daniel de copiloto y la mujer de este (ministra de algo creo recordar) y el canciller venezolano en la trasera, saludando con las ventanillas bajadas al numeroso publico que desde las aceras los jaleaba y saludaba. 

bidean, crónicas, Nicaragua
31 de marzo de 2008

Por las tierras de Sandino. Crónicas. León

Escrito por Alain

En León, como en muchas ciudades y pueblos del país, se han creado mausoleos en honor los mártires de la revolución. Quizás la revolución sandinista, la revolución de todo un pueblo, pueda ser la más bella de todas las guerras que han ocurrido en la historia. Y empleo dos términos completamente opuestos como son belleza y guerra, pero cuando un pueblo se levanta en armas, pese a que esta decisión acarrea mucho sufrimiento y las consecuencias son enormemente graves, es porque ya no aguanta más y lo que sucedió en Nicaragua hay que observarlo con la misma generosidad que la de mostrada por las propias gentes que se batieron con sus cuerpos contra la guardia nacional somocista.

Como todos los conflictos, hay que mirar a la raíz, a las causas que lo generaron y no al momento en que explotó la vertiente más violenta. Ya os abrasé con mi lectura de la historia reciente de Guatemala y no es intención de hacerlo con la del pueblo de Nicaragua.

Tras la independencia de Nicaragua y el resto de Centroamérica allá por los primeros años de 1820, se aspiró a crear una unión centroamericana con escaso éxito. Finalmente en 1838 se creó la República de Nicaragua.

Después de un convulso periodo político a mitades de la década de los 50 del siglo XIX fue conquistada por William Walter, un filibustero gringo que aprovechando la guerra civil que se vivía entre los eternos bandos de liberales y conservadores, los liberales de León y los conservadores de Granada, acudió en ayuda de los liberales (tras solicitarla estos al gobierno de los Usa). Además de destrozar casi por completo la ciudad de Granada, presidió la republica cerca de año y medio tras fusilar a su cómplice el general liberal Ponciano del Corral.

Viendo la peligrosidad de este gringo quien tenía pensado invadir el resto de países de Centroamérica para incorporarlos a los Estados Unidos, el ejército de Costa Rica y del resto de países centroamericanos se unieron a los nicaragüenses que estaban en contra de Walker (en todos los países hay pesebreros y traidores que se unen al enemigo exterior por un plato de lentejas…) y lo derrotaron. No hay que olvidar que el democrático gobierno de los USA reconoció al gobierno presidido por Walker…

 

A partir de 1858 se implantó un periodo que se le denominó “el de los 30 años” donde, con control de los conservadores, la economía floreció y la paz social se logró, llegando a ser Nicaragua el país más rico y estable de Centroamérica. En 1893 es derrocado el presidente por el liberal Zelaya y comienza otra época de desestabilización política que es aprovechada por Estados Unidos para intervenir militarmente en diferentes ocasiones. Hay que recordar que el proyecto del canal de Panamá estuvo a punto de realizarse en Nicaragua, que había muchos intereses políticos y económicos en este país de EEUU y de ahí su obstinada presencia militar y política, poniendo y quitando presidentes, como todavía acostumbran (Afganistán, Irak…) y como ha sido una constante durante todo el siglo XX en el continente.

 En este periodo de constante inestabilidad, de continuos golpes de estado entre liberales y conservadores, tras una maniobra de los Estados Unidos para colocar un presidente conservador, los liberales entran en guerra y los iusei (aduciendo la cantinela de siempre de proteger a los ciudadanos y los intereses estadounidenses), desembarcaron a sus marines en diferentes puntos que declararon neutrales. Esos puntos eran la mayoría de control liberal, pero para evitar entrar en guerra con los Usa los liberales “se dejaron“ avasallar. El general liberal Moncada, tras recuperar el control de casi todo el país, a la entrada de Managua decide pactar para evitar una intervención militar gringa. El pacto (el que este interesado en leerlo que lo busque en la red) es considerado por el general liberal Sandino una traición y decide continuar la guerra con sus hombres.

 

Augusto Cesar Sandino, el general de hombres libres, da un giro radical a la “situación de la hostilidades” y en un manifiesto declara la guerra a los invasores gringos, tornando una guerra civil en una guerra por la libertad de Nicaragua: una guerra de patriotas contra invasores.

 

El ejército defensor de la soberanía nacional comandado por Sandino infringe duras derrotas a los marines. Estos, desbordados por los que en principio denominaron bandidos y más tarde guerrilleros, cambiaron de estrategia y generaron una guerra entre hermanos, armando un ejército nicaragüense, la Guardia Nacional, entrenándolo, armándolo, comandándolo y enfrentándolo al ejército de Sandino. En 1933 los marines abandonan Nicaragua por diferentes motivos, sobre todo sus problemas internos (la crisis económica de 1929 y la inminente derrota gringa a manos de Sandino). Tras una oferta de paz aceptada por el presidente Sacasa, el ejército de Sandino se desarma y el control de la seguridad del país queda en manos de la Guardia Nacional, a pesar de no estar constitucionalmente recogido. El jefe director de la Guardia es Anastasio Somoza García. En diferentes momentos Sardiano viaja a Managua con el mismo propósito: denunciar las continuas violaciones del tratado por parte de la Guardia Nacional contra los miembros del disuelto ejercito soberanista.

 

En una de estas reuniones y tras cenar con el presidente Sacasa en el palacio presidencial de la loma de Tiscapa, miembros de la Guardia Nacional lo detienen y fusilan junto a los generales del EDSN (Ejército Defensor de la Soberanía Nacional) Estrada y Umanzor. En esa misma noche mueren asimismo el hermano de Sandino, Sócrates, igualmente coronel del EDSN y escapa herido el también coronel Santos López. Al día siguiente, la Guardia Nacional destruye la cooperativa de Sandino y mata o detiene a sus miembros. Hasta tal límite llega el odio y el sadismo de este personaje que tras ver los cadáveres de sus enemigos (se los llevaron para que realmente contemplase que estaban muertos) y enterrarlos en una fosa común, a los diez años desenterró los restos, los quemó y arrojó sus cenizas al lago Xolotlán.

 

Dos años más tarde, Anastasio Somoza da un golpe de estado a su tío político Juan Bautista Sacasa y comienzan 22 años de salvaje dictadura con la connivencia del gobierno gringo, con algunos momentos donde dispuso presidentes títere o se ayudó de elecciones fraudulentas, hasta que en 1956 es ajusticiado por el poeta Rigoberto López Pérez en la ciudad de León.

Este personaje, además de poseer una incalculable fortuna personal (tenía en su poder más del 50 por ciento del territorio cultivable de Nicaragua), colaboró en diferentes golpes de estado como los de Guatemala contra Jacobo Arbenz, Costa Rica y otros conflictos de la zona, con un objetivo único: favorecer la política de los USA en “su patio trasero”.

Somoza admitió que el había ordenado la muerte de Sandino a instancias del embajador gringo en Nicaragua. Se da la circunstancia, como maquiavélica anécdota, que tanto Somoza como Sandino eran masones y la masonería impide que sus miembros se hagan daño, por lo que mando a otros para matarlo. Y otra “anécdota” más: ante las quejas internacionales por los métodos empleados y la dureza de la dictadura, al presidente gringo se le adjudica esta frase en referencia a “Tacho” Somoza: “Puede que sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”… más claro…

 

También la iglesia lo declaro “Príncipe de la Iglesia”, el papa Pio XII mando su pésame a la familia al igual que todos los dictadores de la época: Trujillo, Baptista, Stroessner,… todos los gobiernos dictatoriales que los USA instalaron en el continente americano.

 

Pero no acaba acá la historia de Tacho, sobrenombre por el que se conocía al sátrapa amigo de los gringos. Tras su muerte, es su hijo Luís Somoza quien ocupa el poder hasta 1963. El hijo mayor era Jefe de la Guardia nacional y tras ocupar él la presidencia, es su hermano Anastasio Somoza Debayle “Tachito” quien dirigirá la Guardia Nacional.

 

Tras otro periodo títere, “Tachito” ocupará el poder entre 1967 y 1972 y posteriormente, después de que otra marioneta estuviera de presidente por un par de años, desde 1974 al 79, cuando huye del país por la victoria de la revolución.

 

Dos hechos fueron los que colmaron el ya amplio y cien veces llenado recipiente de la “paciencia” del pueblo: El terremoto de 1972 de Managua con más de 10.000 muertos y la ciudad destruida casi por completo y la muerte del periodista Pedro J. Chamorro, quien estaba denunciando en su periódico parte de los sucios negocios de la familia Somoza. La falta de libertad, la represión, las torturas, la enorme pobreza, los altos índices de analfabetismo, la falta de una sanidad y educación mínima, la corrupción, desigualdad social… ya son motivos suficientes como para levantarse en armas.

 

Además de robarse la mayoría de la ayuda internacional movilizada por el terremoto de 1972, recién iniciado 1978 mandó matar al periodista Pedro Joaquín Chamorro, lo que hizo salir a la gente en masa a las calles y apoyar al FSLN que llevaba unos años dandole duro a la Guardia Nacional.

 

El FSLN nace a inicios de 1961 liderada por Carlos Fonseca, Tomás Borge y Silvio Mayorga y comienza la lucha armada contra la sangrienta dictadura imperante. Hasta mediados de los 70 el FSLN atraviesa momentos donde descarga una gran cantidad de actividad política y armada contra el régimen pero en otros momentos, la feroz represión lo llevan a su casi desaparición, pero es a partir de 1974 cuando comienza a desempeñar una fuerte ofensiva de guerra de guerrillas y de enfrentamiento urbano que comienza a doblegar a la Guardia Nacional.

Hasta ahora quizás no se pueda apreciar nada de belleza en esta triste historia. En estos mausoleos de mártires y héroes que se levantan a lo largo de muchos pueblos y ciudades del país, es donde se aprecia ese carácter que impregnó al pueblo nicaragüense. La juventud salió a la calle a cuerpo, conquistando los pueblos esquina a esquina, cuadra a cuadra. Sin apenas armas, con cócteles molotov, granadas caseras, cohetes, algún viejo revolver, carabinas de aire comprimido y las arma que se les iban incautando al ejército, hicieron frente al enemigo. Estampas de hombres y mujeres jóvenes, casi niños en algunos casos, que con los pelos largos y pantalones de campana se refugian en las barricadas levantadas en las calles y hacen frente a las balas de un ejército armado y entrenado por los iusei tiene un sentido de belleza que escapa al dolor de la guerra.

 

A medida que el conflicto avanzó, llegó ayuda internacional en forma de armas y munición para el Frente Sandinista, lo que ayudó a finalizar la parte armada de la revolución en julio de 1979, con la huida de Somoza Debayle hacia Miami.

 

¿Lo que vino después? Mucha ilusión, esperanza, presente y hasta futuro, porque en la mayoría de países de este continente, el presente apenas se vive y el futuro no existe.

 

Los inicios revolucionarios fueron fuertes y los frutos no tardaron en llegar. La campaña de alfabetización redujo en apenas un año el analfabetismo de más del 50% a un 13%. Como dato para la reflexión de lo que son las políticas neoliberales, en 2006 se ha vuelto a realizar una campaña de alfabetización bajo el lema “Yo, si puedo” para reducir la tasa de analfabetos del 36,9% (comenzó a subir al perder el FSLN el poder en 1990) al 5%.

 

La reforma agraria repartió las tierras de la familia Somoza y algún otro elemento de la dictadura entre el campesinado, dejando el resto de tierras en manos privadas (lo que le resta la acusación de comunismo al gobierno revolucionario). Se potenció la sanidad, se nacionalizó la banca, se mejoraron las infraestructuras, reconstruyeron ciudades bombardeadas indiscriminadamente por la Guardia Nacional… se construyó país, hasta que al presidente del mundo Ronald Reagan lo creyó oportuno. Entonces, vía C.I.A., entrenó, armó y financió el ejército contrarrevolucionario, los contras, lo que obligó al gobierno sandinista a comenzar una economía de guerra, desviando la mayoría de su presupuesto para gasto militar, imponiendo nuevamente el servicio militar y con la amenaza constante de los iusei sobre su economía a través de un embargo.

 

El resto, lo analizaremos en siguientes ocasiones. La verdad es que hoy en día el sandinismo, que ha logrado nuevamente el poder, a pesar de estar comandado por Daniel Ortega, es muy diferente al que creó un país diferente en los 80. Ha sufrido una escisión, el MRS (Movimiento de Renovación Sandinista) y sus “pactos” con el anterior presidente liberal Arnoldo Alemán (líder contra, condenado por corrupción) para reducir su condena, con la iglesia para retirar la ley del aborto que aproó el anterior gobierno sandinista y otros pactos (quizás para “recibir” el label democrático, que en otros lugares del planeta se reciben por “condenar”….) el sandinismo está bastante descafeinado, además de gobernar en minoría.

 

Si bien es cierto que difícilmente lo puede hacer peor que los gobiernos liberales que han dejado un país con unos índices de pobreza superiores al 80% de la población, la verdad es que las primeras medidas que el sandinsmo ha tomado nada más llegar, reestablecer la gratuidad de la educación y la sanidad, son excelentes. Lo que si se aprecia en la gente más necesitada, en el campesinado, en los desempleados (cerca del 50% de la población masculina, las cifras de la población femenina serán cercanas al 90%) esun