19 de julio de 2008

Artistas de la tierra en Londres

Escrito por Ascension

Artistas españoles en Londres: Arantza Coterón Martín y Fernando Escribano Andrés

Por Ascen Arriazu

La galería en dicha ocasión utilizada, se llama Red Gate Gallery www.redgategallery.co.uk. Se ubica en un callejón, medio escondida, pero no por eso difícil de encontrar, bien conocida entre el mundo del arte y de los intelectuales universitarios de la ciudad, abre sus puertas a jóvenes artistas de todo el mundo. La entrada al local es oscura, con un arco de luces blancas y velas indicando el camino. Todo, como dirían los ingleses, muy mediterráneo. El local en sí mismo es pequeño, cálido, con un pequeño mostrador de bebidas y unas mesitas redondas desde donde se pueden admirar las obras con un vasito de vino y unas patatas fritas. Sólo en un país como éste se puede crear una atmósfera así en tan insignificante rincón. Fue en esa atmósfera que descubrí las oscuridades llenas de color de Fernando y el mundo de dolor de Arantza.

Fernando Escribano Andrés:

“Siempre me pregunto si el final de la obra depende del cuadro o de mí”

Fernando Escribano Andrés, nació en Enero de1.958 en Basauri, Vizcaya, como él dice: “un pueblo obrero del extrarradio de Bilbao, con olor a cenizas de Altos Hornos y a sirimiri sobre la tierra negra. Con colores grises, óxidos y azul oscuro”. Vivió siempre la pintura, desde las manos manchadas de color de su padre, hasta sus propias manos de ahora trabajando todos los pigmentos que nacen y mueren en el negro.
“Mis padres migraron de Navarra a Basauri”, cuenta, “y mi padre fue un pintor que nunca pudo dedicarse a lo que más amaba que era el arte”. Sigue hablando del hombre que lo introdujo a la pintura con esa adoración de hijo que ha seguido sus pasos: “El día a día de la vida no se lo permitió pero me enseñó desde pequeño que la pintura es una forma de desarrollo de uno mismo y que este camino hay que andarlo”.
Guarda sus enseñanzas en el corazón, siendo quizás la que más le ha marcado la de que cada uno ha de seguir el destino que desea. “Cueste lo que cueste, exigiéndonos el máximo a nosotros mismos e intentando cambiar la realidad cotidiana. La aceptación de la rutina es la muerte del individuo. Opino que uno es lo que quiere ser y lo que es capaz de ser”, concluye.
Estudió Bellas Artes en la Escuela de Artes y Oficios de Achuri, Bilbao, y en 1976 entró en la Escuela del Pintor Ismael García Zapater. Desde entonces no ha parado de atender a cursos y no ha desaprovechado oportunidades para trabajar de asistente para pintores como Alejandro Quincoces, por ejemplo. La lista de exposiciones en la que ha participado o colaborado es larga, algunas de estas incluyen Caballito de cartón o London Collective Show of Contemporary Art. Sus cuadros han viajado no sólo dentro del país sino también fuera, y a pesar de empezar a dar a conocer su nombre en salas pequeñas y a veces arropado por la familiaridad de su ciudad natal o pueblo materno, ha sabido moverse lejos y desde su estudio en un tranquilo rincón de la Rivera Navarra, se mantiene en contacto con empresarios y expositores europeos.
Su obra es oscura, intensa, donde va, llama la atención entre el resto de los cuadros, llama a gritos al espectador: “¡Estoy aquí, es imposible ignorarme!”

Y es ciertamente imposible ignorar a la madre con el niño en brazos, con esa ternura que sólo una madre da y un no sé muy bien qué de tristeza que sólo la paleta del artista puede expresar.

madre con el niño en brazos

 

el hombre solitario en mitad del cruce, envuelto en la soledad de la calleDesde la pared de enfrente llama en susurros el hombre solitario en mitad del cruce, envuelto en la soledad de la calle, en el mundo casi de cine que representa la escena. Nos traslada con brío a aquel cine negro americano de los años cincuenta. Veo el sombrero y la gabardina con olor a humo del Humphrey Bogart de entonces, pero con ese esnobismo de las nuevas técnicas, con ese detalle casi fotográfico que engaña al ojo, que hace pasar el dedo sobre el lienzo, en búsqueda de esa técnica que describe el autor como un poco complicada.
“Es la consecuencia de muchos trabajos con diferentes técnicas”, dice describiendo los muchos y largos años de experimentación. Añade que llega un momento en el que “cuando realizas una obra dejas de sufrir y la concluyes como quieres, con un resultado que ya habías imaginado”.
Bromea en su sencillo estilo: “Nosotros los pintores a esto le llamamos trabajo de cocina. Mis obras no se basan en modelos”. En lugar de ello, dice utilizar la imagen con la que se nos bombardea hoy en día a través de los medios de comunicación. Pero algunos de sus cuadros parecen tan personales, que me cuesta trabajo creer que estén inspirados en la televisión, el Internet, u otra de las fuentes que él mismo dice utilizar. Me siento, observando las expresiones de los personajes en un par de sus obras, como si estuviera mirando un poquito dentro de su alma: el gris predominante de las caras con expresiones doloridas; el lío de colores de fondo, que engañan al ojo, parecen negro pero en realidad son una mezcla inconcreta de colores; las miradas hacia abajo… ¿Miran los ojos de Fernando también hacia el suelo, con esa infinita tristeza que intuyo en sus personajes o es realmente su vida un sinfín de matices de colores convergentes en el negro que lo abarca todo? Me pregunto si él verdaderamente quiere dar la sensación de intimismo y análisis interno que yo percibo, de “soy yo pero fuera de mí”, de dolor en el júbilo, de fantasía en el marco real del pasar de cada día.
“Trabajo sobre situaciones que me impactan, las archivo en mi cuaderno de apuntes y escribo sobre ellas”, me explica tranquilamente, “me recreo en ese sentimiento y lo plasmo primero en una narrativa o en una sensación en verso, depende de lo que me inspire esa situación o escena. Bueno algún día juntaré todos mis escritos con los cuadros”, promete.”Ese es otro proyecto”.
El artista trabaja con fotografías que busca o produce él mismo, las manipula con photoshop para conseguir la atmósfera requerida y trabaja con ellas, creando copias con diferentes matices hasta obtener lo que necesita. Dice que las copias las pega a la pared para no perder el recuerdo del ambiente del momento que le inspiró originalmente. Yo, sonrío al imaginármelo en una gran sala con un gran cartel de anuncios lleno de recortes y anotaciones, algo así como el aula de investigaciones de la policía: el teniente Escribano en busca del criminal, su arte que lo acompaña día y noche. Incansable Kojac en busca del resultado final, el color, o el abuso de él en algunos casos, encarcelado en el marco del cuadro.

 

“Mis pinturas se basan en el dibujo que sólo tiene importancia en el primer momento, luego se pierde para recuperarlo en parte al final. El color siempre sale del negro más profundo para conseguir los demás colores paso a paso siempre de la oscuridad a la luz”.

 

Fernando Escribano no le teme a los temas polémicos, no denuncia nada abiertamente pero en el fondo, en sus cuadros plasma muchas veces una realidad social que a más de uno no le gusta. Su participación en Tarazona, una preciosa ciudad mudéjar en los límites de la provincia de Zaragoza, en una exposición sobre la violencia de género: “Caballito de cartón”, no sólo refleja su preocupación por la desgraciada situación de muchas mujeres en España, sino que nos da con su aportación a ella, una molesta mirada al problema. Su cuadro nos muestra a una mujer verdusca, con las manos rosadas del torturador tapándole la boca y agarrándole el pecho

Fernando prepara él mismo sus materiales con pigmentos que aglutina con lo más simple, como esencia de trementina y algo “más” que se niega a descubrirnos. “Capa a capa lo lijo y quito lo que sobra y lo fijo con lacas y barnices y algo “más”. Me intriga ese “más” ingrediente, pero sabedora de que cada cocinero tiene su secretillo y que originalmente el pintor me ha aclarado que su arte es un poco como la cocina, dejo que mi paladar disfrute de las imágenes sin darle demasiadas vueltas a las cantidades de especias o hierbas añadidas a la receta.
“En mis obras sólo hay sentimientos. Todo esto lo pongo yo y el espectador pone sus vivencias y sus sensaciones íntimas más profundas, con todo esto se forma el cuadro final que es la obra mirada con los ojos inmateriales”. Tras esta poética explicación me recomienda que me acerque a su blog y le de un vistazo para entender aun mejor su mundo, su trabajo, su vida interior y la vida de su paleta y sus pinceles. (blogspost.com; Del negro al color; Escribano Andrés)
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Sobre este blog

Hace ya 14 primaveras que deje mi tierra. Aun no he olvidado la montana eterna, azul y verde, que me despertaba por las mananas, ni los adoquines del casco viejo, ni la neblina humeda de los amaneceres de invierno. Desde la distancia, vuelvo a mi tierra en un entusiasta intento de atar cabos sueltos, de revolver el pasado, inmortalizar el presente y sonar el futuro. En todos estos anos han pasado muchas cosas buenas y algunas menos. Pero mi vida sigue ligada al panuelo rojo del cuello, tan revolucionario como hogareno, tan arrugado como mi frente y tan empapado en mi sudor como mis manos al pretar los punos en doloroso recuerdo.

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